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Crítica de la semana: Un buen casting nunca es suficiente

Mask Singer

ANÁLISIS | Semana del 31 de mayo al 6 de junio de 2021

No hay receta infalible en televisión. Ni un presentador concreto, ni una temática de moda ni una buen casting son sinónimos de éxito. Evidentemente, tener un buen elenco siempre ayuda. Pero hay otras variables, otros factores internos y externos que deben confluir para que la audiencia termine cayendo en las redes del producto ofrecido.

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Hace dos semanas llegaba a España la segunda temporada de ‘Mask Singer‘. Y sus datos distan mucho de los conseguidos en su primera tanda. Si bien en 2020 el formato alcanzó en su estreno un estratosférico 27,4% de cuota de pantalla y casi 4 millones de espectadores, en su segunda temporada se conformaba con un 16,6% y casi la mitad de espectadores. El programa de las máscaras volvía a bajar el pasado lunes y la cadena ya ha anunciado cambio de día para la próxima semana.  

El análisis de audiencias ya está hecho, no hace falta decir mucho más cuando los números hablan por sí solos.  ‘Mask Singer’ ya no funciona como antaño, a pesar de tener un casting aparentemente más prometedor. Poco nos imaginábamos que veríamos a Isabel Preysler dilapidar su imagen pública en solo 5 minutos. Pero más allá de los nombres, el programa ya no aporta nada nuevo respecto a su primera temporada.

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A ‘Mask Singer’ le quitas el planteamiento y el desenlace y no te queda nada. Su nudo se hace tremendamente absurdo. La mecánica del concurso de Antena 3 no respira épica por ninguna parte. O soy yo que voy muy cansado a esas horas de la noche o el devenir de los concursantes te importa tres pepinos. Y lo peor es que no hay virtuosismo alguno en las actuaciones, nada tiene de talentoso ver a unos muñecos haciendo playback. Si por lo menos el show tuviera dimensiones de ‘Super Bowl’ se haría más llevadero…, pero no deja ser un plató del tamaño del patio de mi casa y las puestas en escena son dignas de un parque de atracciones en horas bajas.

Está muy bien currarse un buen reparto, pero siempre hay que tener en cuenta el factor sorpresa. Algo que no tienen muy trabajado en ‘Masterchef’; después de tropecientas ediciones entre anónimos, niños y celebrities, siguen calcando la misma mecánica.  El único cambio que han introducido en todos estos años es la desaparición de la presentadora y la ampliación de su nada discreto merchandising.

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El concurso de cocina marcaba esta semana un correcto 14,1% de share, que es todo un logro si tenemos en cuenta los paupérrimos registros de La1, pero que queda muy lejos de los datos alcanzados en sus mejores ediciones. Y no es por el casting, que es una de las mayores virtudes del formato. Pero el programa ya acusa el desgaste natural del paso del tiempo, que se agudiza debido a la falta de valentía a la hora de introducir variaciones significativas.

Quizás ha llegado el momento de enviar a Samantha Vallejo-Nagera a ver los toros o de rediseñar la mecánica con sus tres pruebas inamovibles de rigor. ‘Masterchef’ es la mayor alegría de TVE de la última década y el formato sigue tirando del carro. Y tal vez, por eso mismo, hay que darle nuevos aires, antes de que termine quemado definitivamente por la desidia de la audiencia.  

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