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La crítica de la semana: ¿Entrevistarías a Adolf Hitler?

ANÁLISIS | Semana del 12 al 18 de abril de 2021

Salvando las distancias, aunque con algunos tampoco hay tantas, entre Hitler y los personajes más deleznables de la actualidad televisiva, es oportuno plantearse si el valor informativo de sus discursos es compatible con los límites de la ética periodística.

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Hace unos años nadie se planteaba la idoneidad de entrevistar a según qué personajes en los medios de comunicación. Se hacía, y punto. La televisión era mucho más libre a la hora de tomar decisiones, pero también algo más perniciosa. La libertad de opinión e información podía llegar a chocar frontalmente con el respeto a los derechos humanos, y de eso, afortunadamente, hemos aprendido un poco.

La televisión debe ser un reflejo de la realidad, contextualizada y debidamente contrastada. Un testimonio, por repugnante que sea, tiene su valor periodístico siempre y cuando se exponga en el contexto correcto. A la pregunta: ¿entrevistarías a Adolf Hiltler?  Todo el mundo debería decir que sí, pero no en ‘El Hormiguero’. El valor periodístico de sus palabras, en el caso de estar vivo, sería incalculable. Ahora bien, la diferencia entre el rigor informativo y la banalización del odio reside principalmente en el marco y las formas en las que se desarrolla una entrevista. Una cosa es conocer un delirio y otra elevarlo a categoría de respetable, llegando a cuestionar derechos adquiridos tras años de lucha.

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Volviendo al presente, los medios tienen mucho que ver en la normalización de la extrema derecha en España. Es absurdo negar el interés sociológico que puede despertar lo que cuentan, la maldad del ser humano siempre despierta la curiosidad del oyente. El problema es que ese odio se ha esparcido por exponerse en los escenarios erróneos. Bertín Osborne o Ana Rosa Quintana han puesto la alfombra roja al facherío, sin cuestionar nada, expandiendo sus palabras e inoculando su veneno a millones de ojos frente al televisor.

El discurso de la ultraderecha se esparce si no hay enfrente posiciones firmes para rebatirlo. Y este es el resquicio que ellos utilizan, solo van donde se les recibe con los brazos abiertos. Por eso esta semana, cuando Rocío Monasterio era desmontada magistralmente por  Diego Losada en ‘La noche en 24 horas’, su discurso se desintegraba con la misma facilidad que un Calippo en pleno mes de agosto. Ojalá no existiera el fascismo, pero ya que existe, mejor que sea mostrado y triturado frente a los ojos de la audiencia.

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Las mismas herramientas para desmontar a Vox pueden usarse con los negacioncitas. El domingo ‘Lo de Évole’ anotó máximo histórico de share con la entrevista a Miguel Bosé. Interés por conocer la visión de un ignorante médico existía, pero muchos consideran que un terrorista de la salud pública no debe tener voz en los medios. Quizás, por amistad, Évole estuvo más tibio con Bosé que en anteriores ocasiones. Pero aún así, no legitimó el discurso del cantante. Le dejó hablar hasta situarlo al borde de la demencia, desacreditando desde ese momento todo su argumentario.

Para terminar de rellenar la bolsa de la basura toca hablar de Antonio David Flores. Muchos pidieron su despido y ahora exigen el veto a todos aquellos que le den voz. Está claro que este ser ya no puede colaborar en televisión como si nada hubiese ocurrido. Pero en vez de convertirlo en un ser libre en el que algunos todavía confían; ¿no sería mucho más efectivo un juicio público televisado con profesionales a la altura de las circunstancias que lo masacraran moralmente? Ya que durante años se ha servido de los medios para enriquecerse y vapulear a la víctima, el último acto en el que se desenmascara al villano también debería ser televisado.

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