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El Televisero

Carta del director | Maquillaje, mucha cocina y poca gloria

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Estrenamos una nueva sección, que podríamos titularla algo así como columna del director. Como humilde capitán de este barco, y aunque no pongo en duda que la Tierra sea redonda como aún ocurría en tiempos Católicos, me sigue sonando un concepto periodístico ambiguo, que si se ejerce desde el abuso puede resultar nada más allá que una ventana a lo egocéntrico, y no divisar realmente la tierra que pisas, como el gazapo que cometió Colón o aquellos más coetáneos, como los de la televisiva Mariló Montero. Me la juego. El reto es el siguiente: plasmar una opinión editorial de este medio que paradójicamente se fundamenta en la diferencia de las opiniones plurales de sus redactores… pero este es un tiempo nuevo para mojarnos y con esta nueva temporada televisiva en plena marcha me aventuro a hacer un balance homogéneo, y sacar las primeras conclusiones:

Comenzamos. Como fan confeso de ‘El Príncipe’, me tomo la licencia de seguir la estructura narrativa de sus frenéticos capítulos, de menos a más, del origen de todo a un desenlace incierto. Viajemos entonces unos años atrás, a la partitura original, casi como un ente espiritual a la que tanto recurren últimamente los políticos para dar respuesta al desafío del rebelde, la Constitución de 1978, que sostiene en gran parte el teatrillo que tenemos montado. Nos trasladamos al art. 20 que remite al derecho a la información, y versa tal que: “derecho a recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y más en concreto en lo que se refiere al imperio de la ley en cualquier ente público: “garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas”.

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Parece mentira. Que se subleve la redacción de la televisión pública para echar en cara el incumplimiento de dicho mandato constitucional, el de informar verazmente de la dimisión de su propio presidente, y la respuesta del subdirector de tan denostados informativos sea la amenaza, el mande firmes y hacer oídos sordos. Profesionales valientes a los que sus directivos tienen cogidos por los huevos. Democracia. De momento nos queda la ficción, un “filón” ajeno a tiempos turbios con el que TVE se reencuentra con su espectador fiel. El mejor signo de identidad de una cadena pública que debe satisfacer los gustos de una mayoría sin dejar de lado a las minorías y que cumple con un verdadero servicio público: entretener con calidad y siendo el principal motor de la producción de cultura seriada en nuestro país.

Dejando a un lado la pública, entre las televisiones comerciales como todas las temporadas se abre su particular guerra, guerrilla la llamaría este año, y empleo este diminutivo no solo por la “invasión” de niños en Antena 3 y Telecinco. Parece más bien que los dos principales canales se hayan empeñado en prolongar la programación del verano: por un lado, tenemos al ya famoso chiringuito playero de la televisión. Esta comedia gastronómica que compite entre la ‘fritanga’ y la cocina ‘fusión’ se mide también a la misma hora contra los kilos de maquillaje de Felipe el Hermoso. Pero es de lo más ingenioso para echarse unas buenas risas en televisión desde antes del sueño de Resines, sí me refiero a la comedia española por autonomasia hasta el día antes del destrozo de su final, quizá también al de su propio protagonista que no se ha recuperado y ahora quiere regresar por partida doble a la televisión. Antes de eso, volvamos a ‘Los Serrano’, que salta el charco tras haber sido echada un ojo por los americanos y va a ser adaptada por los aclamados productores ejecutivos y guionistas de la longeva ‘Los Simpsons’. Aquí paz y después gloria. Y es que por mucho que pongan a Bonilla cazadora es una serie para el verano pero en otoño, y sino que se lo digan a Adrián Rodríguez enseñando boxers para remontar el vuelo. Pues eso mismo, Antonio Resines dando vida a dos gemelos y uno de ellos cura, es que no ha despertado de su coma televisivo y sigue anclado en otro tiempo. Tampoco ayuda Alberto Chicote con su particular reto entre fogones que da la sensación de ser una prolongación de ‘Masterchef’, cuyo final es aún reciente y da un poco de pereza engancharse a lo que nos parece su copia del otoño. Desde esta semana los espectadores podemos escoger también a la hora de comer entre dos chefs, Robin Food o Karlos Arguiñano. Peñíscola, copazos, playa, verano… Sólo digo eso para resistirlo.

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Mucha cocina para un espectador que hoy demanda a gritos realidad. Las cadenas privadas continúan enfrascadas en su particular batalla política. Hemos asistido a cómo Risto Mejide y Jesús Cintora han acabado desbancando al matrimonio de laSexta, Ana Pastor y Antonio García Ferreras, en parte gracias al hoy eje vertebral de la parrilla del segundo canal de Mediaset: Pablo Iglesias y líder de la nueva formación política Podemos. Todo estadística. Se pasea por sus tertulias de forma diaria otorgando grandes registros de audiencia, y a la vez va conquistando las mentes de cada vez más españoles. Mientras tanto, su principal adversario, el nuevo líder socialista Pedro Sánchez irrumpía en la televisión dando un paso más, visitando y llamando a platós de televisión hasta antes desconocidos para un político. Sánchez llamó al móvil de Jorge Javier Vázquez, declarándose antitaurino en pleno directo en ‘Sálvame’, jugó al basket en ‘El hormiguero’ y nos preguntamos ¿hasta dónde llegará este ‘tiempo nuevo’? Para obtener una respuesta tendremos que esperar al estreno en próximas semanas de la última vuelta de tuerca al género en Telecinco, que se titula así, y que pretende combinar actualidad, corazón y política. Mientras tanto, Jordi Évole atónito ante la situación, parece que se ha quedado sin ideas y reclama a la audiencia que le propongan temas para grabar una nueva temporada de ‘Salvados’.

Por último ha vuelto el máximo representante de la telerrealidad, ‘Gran Hermano’. El longevo reality acusa los años de la misma forma que las arrugas de Mercedes Milá, e invade la parrilla de Mediaset sin hacer mucho ruido pese a tanto bombo, y es que el espectador fiel de la cadena se encuentra en un limbo extraño a la hora de encontrarse en ella. Además han llegado otros ‘Hermanos’ en forma de ficción, que no está siendo especialmente valorada por la audiencia pese a su gran factura técnica y artística. Una pena, ésta sí que era una miniserie para el otoño, pero quizá grabada para varios otoños atrás. Como tarde han venido los intentos de revitalizar el desaparecido late night ‘Hable con ellas’, un programa fresco, valorado por el público, que no era exactamente el target objetivo de Telecinco. Este formato se estrenó dando la nota, pero que tras improvisar demasiado en su guión se quemó y acabó maquillando su esencia en sus últimas emisiones con contenidos e invitados “salvamizados”. A mí me sigue chirriando ver en un mismo canal una superproducción como ‘El Príncipe’, mientras antes me habla Chabelita o hacen ‘edredoning’. Ellas dejaron de hablar precisamente en el mismo momento que el formato parecía ya más telonero de su sucesor: la propia filosofía del canal. Pero que nadie le quite su mérito y pierda el respeto a ese guión, capaz de llenar horas y horas de programación atrayendo a muchos espectadores, que demandan precisamente eso… un tiempo nuevo.

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