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Crítica ‘The Sandman’: una brillante adaptación con un enorme respeto hacia el material original

Sandman sujetando su yelmo

La nueva serie de Netflix, que se ha estrenado el 5 de agosto en la plataforma, adapta la obra magna de Neil Gaiman

Los lectores de cómics sabrán que no hay obra más grande en el pasado reciente que el ‘Sandman’ de Neil Gaiman, uno de los autores base del género fantástico de las últimas décadas. La saga, formada por 75 números, se comenzó a publicar ene 1989 y terminó su recorrido a mediados de las 90. Para entonces, ya era un enorme fenómeno cultural. La adaptación de varios mitos de la Humanidad, combinándolos con terror y fantasía, hicieron de la historia una obra poliédrica y diferente. Por ello, su adaptación a un medio audiovisual se antojaba casi imposible. Y Netflix ha conseguido por lo que pocos apostaban. La serie de ‘The Sandman‘ es buena. Es muy buena.

La sinopsis de Netflix reza lo siguiente: Al cerrar los ojos para dormir, entramos en el mundo de Sandman, el rey de los sueños, que da forma a todas nuestras fantasías y miedos más profundos. Cuando capturan a Sueño y lo retienen durante un siglo, su ausencia desencadena acontecimientos que cambiarán para siempre el mundo de los sueños y el de la vigilia. Para restaurar el orden y enmendar los errores que ha cometido durante su larga existencia, Sueño debe viajar por varios mundos y líneas de tiempo. En este periplo, se encuentra con viejos amigos y enemigos, y con nuevos entes cósmicos y humanos.

La serie ‘The Sandman’ comienza con un rico ególatra y abusivo (qué sorpresa, ¿eh?) que, al tratar de resucitar a su hijo, invoca a Morfeo y lo retiene hasta que le dé todo lo que pide. El paquete básico, ya sabéis. Inmortalidad y esas cosas. Morfeo se niega a hablarle durante 100 años hasta que acaba por escapar en la actualidad, para darse cuenta que su reino, sin él, está en ruinas. Para recuperarlo y salvar a la Humanidad de un mundo sin sueños, tiene que recuperar los tres artefactos que le dan poder: su yelmo, su arena y su colgante de rubí.

Sobre eso se asienta la historia, y lo bueno es que, desde el minuto 1 hasta el cierre final, el interés no decae ni un solo segundo. Eso no quiere decir que ‘The Sandman’ sea una serie con un ritmo vertiginoso, ni mucho menos. Muchas veces tiene un ritmo pausado y explicativo. Pero siempre están pasando cosas. Y eso lo que consigue es una cosa: que no perdamos el interés en ningún momento. Pese a estar basado en un material tan famoso y complejo, la serie es perfecta para neófitos, es decir, un público que no haya leído ni una sola página de los cómics.

Para los fans acérrimos también será una buena adaptación. Siempre y cuando no sean fans tóxicos que no permitan ni un solo cambio. Cuando apareció el reparto confirmando, muchos fueron los que pusieron el grito en el cielo. Pero hay que entender una cosa siempre que vemos una adaptación. No es lo mismo el medio gráfico del cómic, que el medio audiovisual de una serie. Lo que funciona en uno no tiene porqué funcionar en el otro. Y esa es la clave para poder disfrutar de cualquier material que adapte nuestras historias favoritas.

Uno de los puntos a favor de la serie de ‘The Sandman’ es, precisamente, eso que fue tan criticado: su reparto. Huyendo de la moda de buscar rostros famosos por doquier, Netflix se ha centrado en encontrar un casting competente, a la altura de las circunstancias, y con presencia. De hecho, puede que el actor más famoso de toda la serie sea Charles Dance, especializado en padres malvados y abusivos.

Sí, pasan por ahí una estupenda Gwendolyne Christie, una recuperada Joely Richardson, un enigmático Boyd Holbrook o el siempre maravilloso Stephen Fry. ¡Ah! Y la voz con más personalidad del mundo del doblaje: la de nuestro Luke Skywalker, Mark Hamill. Aunque, hablando de voz con personalidad, hay que centrarse en el portento que es Tom Sturridge, que interpreta a Morfeo.

El actor británico es el perfecto Sandman. De hecho, en su primera aparición casi parece un ente extraterrestre. Su físico, unido a su mirada penetrante y sus facciones tan marcadas, le hacen parecer humano y a la vez no. Y eso es precisamente lo que es el personaje. Pero mención aparte merece su voz. Una voz en off que nos va explicando todo por el camino, y es tan profunda y granítica que emociona cada palabra que pronuncia. En serio. La voz es uno de los aciertos más grandes de esta adaptación.

El diseño de la serie merece también una mención aparte. Aunque a veces luzca demasiado televisivo (el presupuesto es grande, pero no tanto), mezcla bien los mundos de fantasía con el mundo real. Se esfuerza en recrear las viñetas del cómic y, aunque a veces se queda corta, otras replica casi con exactitud lo que imaginó la cabeza de Gaiman.

Los episodios tampoco son maratonianos (como cierta serie reciente de unos niños en bicicleta), lo que hace que nada se sienta de relleno. Todo importa para la gran historia que nos están contando. Y hay momentos verdaderamente épicos. Atención tanto al episodio 4 como al 6. Quizá los más impresionantes de todos.

En definitiva, la serie de ‘The Sandman’ es una magnífica adaptación de un material prácticamente inadaptable. Neil Gaiman estaba gafado en casi todas sus adaptaciones al medio audiovisual (salvamos ‘Coraline’ porque es perfecta). Se nota que ha ejercido de productor ejecutivo en esta serie, y que ha sido consultor de Allan Heinberg, creador y mano en la sombra. Porque si vas a adaptar tu creación, está bien que estés cerca, pero también que dejes espacio a la mirada de otros creadores.

Y puede que ese haya sido el acierto de una serie que está convenciendo, y mucho, a la crítica internacional. Nadie daba un duro por la adaptación de Netflix. Pero sin mucho esfuerzo puede convertirse en una de las series del año. Y con mucha razón.

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