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Crítica de la semana: Telecinco, sin timón en la deriva

ANÁLISIS | Semana del 28 de febrero al 6 de marzo de 2022

Si hace seis meses alguien nos llega a decir que el mejor prime time de Telecinco se lo daría una serie, ‘Entrevías’, hubiésemos puesto todos la misma cara que Isabel Díaz Ayuso al explicar su empanada mental con la virgen de Atocha. La cadena dueña y señora de la telerrealidad encontrando en la ficción su mejor refugio. La televisión y los tiempos modernos nunca dejan de sorprendernos. Pero hay algo que ya es evidente y notorio en este 2022, Mediaset vive su peor crisis de audiencias desde el fin de ‘Aquí hay tomate’ hace 14 años.

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Lo he escrito mil veces y me repito más que el ajo, pero para encontrar el inicio del desastre hay que remontarse al 2019. En televisión hay buenas y malas decisiones, como en todos los negocios, pero hay algunas que pasarán a la historia por cambiar el devenir del mercado audiovisual español. Como el día en que alguna mente pensante en los despachos de Mediaset consideró que era mejor no pagar los derechos de ‘Pasapalabra’ y prescindir del formato. Ese día no solo terminó la andadura de un formato por la parrilla de Telecinco, sino que empezó un cambio de ciclo en el liderazgo de audiencias televisivas.

Prescindiendo del concurso que ahora presenta a las mil maravillas Roberto Leal, no solo perdió el liderazgo de una franja, sino que su rebufo se llevó por delante las que vienen a continuación ‘Pasapalabra’ dio alas a los informativos vespertinos de Antena 3 y de paso a Pablo Motos y a sus hormigas. Y así es como se construyó una base de fieles seguidores, probablemente de edad avanzada, que fomentaron los cimientos para que el principal canal de Atresmedia se convirtiera en líder indiscutible en el mercado televisivo español. Un público que Antena 3 supo cuidar y masajear a base de una parrilla hecha para no incomodar a nadie.

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«Como un búfalo herido, Telecinco va dando bandazos sin terminar de encontrar la manera de recuperar el favor del público»

La televisión convencional es consumida mayoritariamente por personas que superan los 50 años, si controlas ese nicho de mercado es probable que te lleves el pastel entero. Telecinco, que la única baza que tiene en estos momentos es que puede conectar con un perfil de espectador más joven, que solo ve la tele en abierto para encontrar a los personajes que protagonizan la mayoría de memes en internet, ha pecado de soberbia en demasiadas ocasiones, maltratando y despistando a su audiencia. Poniendo parches deprisa y corriendo, sin llegar a promocionar los productos como es debido, mirando obsesivamente lo que hacía el resto sin cuidar lo suficiente lo que ya tenía.

Si este desconcierto ya era palpable en 2021, en lo que llevamos de 2022 cualquier lógica en la estrategia de programación de Paolo Vasile ha saltado por los aires. Como un búfalo herido, Telecinco va dando bandazos sin terminar de encontrar la manera de recuperar el favor del público. Lo de estas semanas está siendo un despropósito y la cadena parece en manos de un niño caprichoso que no acepta su nuevo estatus en el ranquin mensual. Formatos que se reformulan y cuando empiezan a coger aire se dinamitan con la promoción de series que no funcionan, estrenos repentinos y salva vidas de última hora que lo único que hacen es quemar los mayores activos de la cadena, sus personajes.

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«Ya basta de reciclaje de platos y de programas, hay que empezar a tirar de chequera»

Pero bueno, más allá de criticar, en esta ocasión me animo también a proponer soluciones. Analizando el drama desde una perspectiva global, más allá de los cambios internos y movimientos de parrilla, Mediaset tiene un problema en su estrategia de grupo. No puede ser que entre Cuatro y Telecinco se compartan en demasiadas franjas los mismos perfiles de espectadores. Tienen que diferenciar, como en sus inicios, a los dos principales canales que conforman su conglomerado audiovisual.

Los presentadores no pueden ir rotando por las cadenas de Mediaset como si fueran las plantas de un centro comercial. Cuatro debe tener entidad y personalidad propia, y Telecinco no puede robar los formatos de su hermana cuando le interesa. Diferenciación entre canales y tener una mínima estrategia en su plataforma de pago. Y si no la tienes o no quieres tenerla, ciérrala. Lo de Mi Tele Plus, que puede tener todo el sentido como vía de consumo de los 24h de los realitys, pierde toda su entidad cuando se convierte en un mercado de segunda mano con packs extras de cine o culebrones otomanos.

Y volviendo al análisis pormenorizado de parrilla, es el momento de recuperar, o por lo menos de pelear, por una oferta competitiva en la franja de 8 a 9 de la tarde. ‘Ya son las ocho’ no funciona, no puede ser que un formato se sostenga únicamente como contrarréplica al testimonio de Rocío Carrasco. Ya basta de reciclaje de platos y de programas, hay que empezar a tirar de chequera. Y otra cosa, teniendo en cuenta que los espectadores que ven el final de ‘Pasapalabra’ ya se van a quedar a ver el informativo de Vallés, ¿por qué no empezamos el noticiero de Pedro Piqueras puntual a las 21:00? Tal y como está la actualidad informativa, es un buen momento para arriesgar y dejar de coordinar tus horarios con los de tu principal competidor.

Con todo, creo que los cambios de ciclo terminan favoreciendo a los espectadores, ya que las cadenas se ponen las pilas y de repente aparecen formatos que marcan un antes y un después en la historia de la pequeña pantalla.

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