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La crítica de la semana: Eurovisión 2021, volver a celebrar la vida

ANÁLISIS | Semana del 17 al 23 de mayo de 2021

Europa va volviendo a la vida, no a la nueva normalidad, sino a la vida tal y como la conocíamos antes de marzo del 2020. Podríamos utilizar eso tan manido de que se empieza a ver la luz al final del túnel; ahora sí. Y parte de esa luz, de esa sensación de volver a recuperar hábitos perdidos durante este año y medio, la proyecta el festival de Eurovisión tras una edición de parón.

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Eurovisión tiene este año más valor que nunca, por eso lo celebramos en esta ocasión con más ímpetu. Volver a reunirse con los amigos para ver el festival, en grupos reducidos, o tener la posibilidad de escuchar la canción ganadora en algún garito, son algunas de las rutinas recuperadas este 2021. De una importancia relativa a nivel vital pero de enormes dimensiones si tenemos en cuenta lo que significa poder volver a realizarlas.  Da un poco igual si te gusta el certamen, el valor está en sumarte a la liturgia colectiva.

Ahora que los Erasmus parecen amenazas andantes,  el festival de la canción europeo es el único evento no deportivo que nos hace ser consciente que formamos parte del viejo continente. Sí, somos europeos. No sé si con más o menos orgullo, pero no está mal reunirnos una vez al año con el resto de vecinos para ver cómo nos ha tratado la vida. Como con la familia en Navidad.

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Conocer a un ganador de Eurovisión de cada país siempre ayuda a la hora de entablar conversación cuando viajas por ahí. Es la Champions League del petardeo y no hay ninguna persona con un mínimo de cultura pop en Europa que no  haya bailado el ‘Euphoria’ de Loreen. Si es mayor de 50 el ‘Waterloo’ de ABBA.

Más allá de la purpurina y las canciones, la verdadera razón de ser de ‘Eurovisión’ son sus seguidores. Su amor incondicional al festival es admirable. Lo viven con tal intensidad y están tan bien documentados que es inevitable que no te contagien de la necesidad de forma parte ello. Por poco que tengas redes sociales o un grupo de amistades variopinto, recibes tantos inputs sobre el certamen que terminas adquiriendo filias y fobias hacia sus participantes. Y en ese momento ya estás dentro.

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Para entender el apabullante éxito del formato, con más de 4 millones de espectadores en TVE, a la habitual difusión de los fans, hay que sumarle este año las ganas de volver a celebrar la vida. Y en el caso de España la brutal promoción que ha hecho Telecinco con la docuserie de Rocío Carrasco. Debe ser el único país del continente donde el apoyo al festival proviene de otra cadena independiente  a la que tiene los derechos para emitirlo. Pero bueno, ya sabemos que RTVE y la capacidad para generar eventos televisivos no van nunca de la mano. Da un poco igual si no lo ve nadie, total, el dinero es nuestro.

Y al final Italia se llevó la victoria, dando una lección de transgresión tremendamente bien estudiada. España hizo lo que pudo, una puesta en escena decente con una canción olvidable, nadie la  recordará mañana. El festival va ganando en variedad artística, las divas poperas quedan cada vez más relegadas ante propuestas más personales y características de cada país: el ejemplo de Francia, Suiza o Portugal, para quitarse el sombrero. ¡Larga vida a Eurovisión!

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