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Crítica de la semana: Derribando estigmas de la mano de Rocío Carrasco

ANÁLISIS | Semana del 24 al 30 de mayo de 2021

El 21 de marzo de 2021 Rocío Carrasco irrumpía en millones de hogares para desquebrajar tótems intocables en la sociedad española. Las enfermedades mentales, la abnegación inquebrantable de la maternidad o la losa que supone el patriarcado en nuestra sociedad. Grandes temas puestos sobre la mesa que, si no fuera por esta docuserie, difícilmente hubiesen llegado a millones de espectadores sin acceso a planteamientos con perspectiva de género.

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Nadie se imaginaba, ni la misma productora que realizó el formato, la dimensión que adquiriría el testimonio de la hija de Rocío Jurado. Era evidente que sus palabras tendrían mucho eco dentro del universo del papel couché, pero era impensable, antes de su emisión, la dimensión social que adquiriría la serie.

‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ fue mucho más allá del entretenimiento para convertirse en un formato de concienciación y conocimiento. Un espacio seguro para la protagonista y sus oyentes. Un auditorio capaz de resarcir las heridas de la víctima tejiendo una red de solidaridad más amplia a su alrededor. Después de 20 años cuestionada, ahora el pueblo, o su mayoría, están de su lado para no soltarla en este punto de partida.

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El relato de Rocío Carrasco se convirtió en una experiencia colectiva, una reunión semanal de oyentes con el único propósito de seguir escuchando una voz callada durante tanto tiempo. Los miércoles a las 10 de la noche se paraba el mundo por un momento, espectadores de todas las edades asistían con el corazón encogido a las vivencias de su protagonista narradas en primera persona. Y en la voz de Rocío, la historia de tantas que reconocían en su calvario sus propias vivencias.

La labor social ya está hecha, por mucho erudito que deslegitime su testimonio por hablar en Telencico. Ni con su machismo, ni con su clasismo intelectual han conseguido que la serie documental no lograse su propósito: audiencias millonarias acompañadas de conciencia social. Un misil a las entrañas del patriarcado y a las practicas periodísticas de las que se ha servido el verdugo para deshumanizar a la víctima.

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El programa supo darle el timón del barco a la persona idónea para manejar las aguas delicadas en las que se movía. Carlota Corredera imprimió su sello desde que cogió el mando, con la cercanía necesaria para llegar a todos los estratos sociales sin perder un ápice de reivindicación en sus palabras. Ella, junto al resto de expertas, abrieron la puerta violeta del feminismo ante toda la sociedad española.

El miércoles, al cerrarse el último episodio de ‘Rocío, contar la verdad para seguir vivía’, experimentamos una sensación agridulce. La misma que se produce al finalizar una serie a la que llevas semanas enganchado; por un lado vienen a tu cabeza las emociones vividas y todo lo aprendido durante su emisión, y por el otro, el inevitable sentimiento de pérdida al saber que la historia ha llegado a su fin. Y ahí está su legado, gracias Rocío!

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