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La crítica de la semana: Los peligros de los programas familiares

ANÁLISIS | Semana del 16 al 22 de noviembre de 2020

Hay programas de televisión para todo tipo de público: específicos para franjas de edad o pensados para toda la familia. Si te diriges a un target determinado es más fácil adaptar tu propuesta a los espectadores mientras que si lo que pretendes es acaparar a una audiencia más amplia siempre corres el riesgo de descuidar algún fleco. No es fácil tener a todo el mundo contento.

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No todo está justificado bajo el paraguas de la televisión familiar. Una cosa es hacer formatos infantilizados y la otra considerar que la audiencia tiene la edad mental de un bebé de dos años. El estreno de ‘Mask Singer’ parecía haber congratulado a todo el patio de butacas; las redes se deshacían en alabanzas hacía el que muchos consideraban el revulsivo que necesitaba la televisión en España. Pero desde de su estreno el programa ya ha perdido casi un millón de espectadores por el camino. Sigue siendo uno de los éxitos más sonoros de la temporada; el 23,6% de share que marcaba el miércoles es un dato excelente, pero detrás del apoyo masivo de su primer programa se intuye un desapego considerable de su concurrencia.

A ‘Mask Singer’ le quitas el planteamiento y el desenlace y no te queda nada. Su nudo se hace tremendamente absurdo. La mecánica del concurso de Antena 3 no respira épica por ninguna parte. O soy yo que voy muy cansado a esas horas de la noche o el devenir de los concursantes te importa tres pepinos. Y lo peor es que no hay virtuosismo alguno en las actuaciones, nada tiene de talentoso ver a unos muñecos haciendo playback. Si por lo menos el show tuviera dimensiones de ‘Super Bowl’ se haría más llevadero…, pero no deja ser un plató del tamaño del patio de mi casa y las puestas en escena son dignas de un parque de atracciones en horas bajas.

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No solo peca de falta de espectacularidad, también de verdad. Hay que tener la inocencia de Fresita para tragarse los teatrillos que organizan los Javis y compañía. Entiendo que recae en el jurado dar un poco de emoción al enigma de las máscaras y hay que alargar un poco el misterio, pero o se esmeran un poco más en parecer ingenuos o ya nadie se cree sus especulaciones para acertar los rostros que se esconden detrás de los disfraces.

El jurado de ‘Mask Singer’ no aporta nada en este juego en el que parecen empeñadas en fallar sus adivinaciones. Tampoco se entiende que un miembro del jurado sepa quién está detrás de la máscara y no lo diga para no fastidiar al famoso escondido, algo que sucedía en el último programa con Malú y una amiga suya disfrazada de pavo real. No diré el nombre aunque ya lo sepa todo el mundo.

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Florentino Fernández y los límites del humor con Flosie

Siempre es preferible tratar a la audiencia de cateta que no dañarla con posibles mensajes perniciosos para el conjunto de la sociedad. Ya es bien sabido que en ‘Masterchef’ abusan en ocasiones de infantilizar sus performances hasta el absurdo. Jordi, Samantha y Pepe llegan a convertirse en los payasos de la tele teatralizando el programa en una especie de Club Disney casposo. Hasta aquí todo ok, si llevan tantas temporadas en antena será que la edad mental del país ronda los 8 años. Pero una cosa es hacer el payaso y la otra perpetuar estigmas que deberían estar erradicados de los medios, especialmente en aquellos que están dirigidos a las generaciones más jóvenes.

Y esto es lo que ocurre con Florentino Fernández y su alter ego de Josie en los fogones de ‘Masterchef Celebrity’. Un humorista que nunca ha sido gracioso se inventa un personaje homosexual que se convierte en el hazmerreir de todos los allí presentes. Mientras Josie, el concursante en el que se inspira el bufón, asiste con cara de póquer al jolgorio colectivo. Una escena habitual en muchos colegios en los que detrás de inocentes sonrisas se daña un ser vulnerable que asiste callado al escarnio sobre su persona. Soy muy poco partidario de marcar límites al humor, pero cuando este, aparte de ser poco inteligente, resulta reiterativo y ofende a una única diana el gag chirría por completo. Especialmente para todos aquellos niños que ven por la tele que aquellos a quienes admiran les resulta muy gracioso que un hombre “se haga el gay”.

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