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Miguel Herrán destapa la cruda realidad tras el éxito de ‘La Casa de Papel’: “Odiaba el mundo”

“El dinero me ha ensuciado como persona”, desvela Miguel Herrán, muy conocido por las series ‘Élite’ y ‘La casa de papel’.

La casa de papel’ cambió la vida de Miguel Herrán. Fue la serie que le catapultó a la fama. Después, llegaría el pelotazo definitivo con ‘Élite’. Actualmente cuenta con más de 14 millones de seguidores en Instagram.

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Sin embargo, el éxito de ambas series oculta una cruda realidad, de la que el actor ha hablado sin tapujos en una entrevista concedida a ICON. “El dinero me ha ensuciado como persona, no lo valoro. En el resto sigo igual o peor”, confiesa.

“He notado que la gente piensa que mi vida es la polla, que me he follado a Ester Expósito y a Úrsula Corberó, y que no me puedo quejar. El dinero no me ha hecho feliz, me ha quitado bastante felicidad y me ha dado más preocupaciones que cuando no lo tenía. Me ha hecho más ambicioso”, asegura, muy duro consigo mismo.

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Además, el actor cree que eres “gilipollas” si no rentabilizas tener 14 millones de seguidores en Instagram. “Ahora mismo, el prime time de la televisión tiene menos espectadores que el Instagram de Ester Expósito”.

Miguel Herrán habla de la vigorexia que padeció

Herrán, tampoco dudó en hablar de otros temas que han marcado su vida personal, como la vigorexia que padeció de adolescente. “Mis amigos me llamaban Conan el Bárbaro. Tengo espejos en los que me tengo prohibido mirarme con ciertas luces porque sé que me voy a obsesionar”, admite, con total sinceridad.

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Además, reconoce que “tengo una obsesión, pero tampoco soy gilipollas. Ha habido épocas en las que no lo he podido controlar. En ‘La casa de papel’ llegó un momento en el que si me agachaba me reventaba el mono. Me pidieron que parase y yo les decía que vale, pero no paraba. Cuando me decían que estaba más grande yo les respondía que era percepción suya”.

Durante la entrevista a ICON, el actor también desveló que hay una parte de su pasado del que no se siente nada orgulloso. Incluso se llega a calificar como un “verdadero hijo de puta”. “Odiaba la vida, odiaba el mundo. Tuve una manera de ser bastante cabrona y de momento tengo miedo de contarlo. Me levantaba, me miraba al espejo y no me gustaba ni cómo era, ni lo que hacía, ni cómo trataba a la gente, ni cómo me trataba a mí mismo”.

“Era el típico chaval nini. No quería trabajar, no quería estudiar. Entonces salía mucho a la calle, muchas noches me las pasaba fuera con colegas, y en una de esas nos cruzamos con Daniel Guzmán. Nos ofreció hacer ‘A cambio de nada’ y yo le dije que se la hacía gratis, mi única motivación era echarme unas risas y vacilar al arquitecto de ‘Aquí no hay quien viva’ a las tres de la mañana. No sabía que era un casting y casi ni entendía la palabra ‘presencial'”, explica en la entrevista.

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