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La crítica de la semana: Biografías para todos los gustos

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ANÁLISIS | Semana del 3 al 9 de agosto de 2020

En este agosto soporífero televisivamente hablando las cadenas se entretienen escarbando en el baúl de los recuerdos.

Encender el televisor y encontrar algo apetecible a partir de las diez de la noche es tarea imposible este verano. Por suerte tenemos un rey emérito reconvertido en bufón que se ha propuesto entretener a la ciudadanía con sus juegos de escapismo. El circo público organizado alrededor de la figura del cazador de elefantes hace las delicias de la audiencia gracias a su fuga a lo ‘Mortadelo y Filemón’.

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Pero lo del ex monarca no es moco de pavo, su pésimo legado quedará para siempre grabado en la historia de España. Sus fechorías merecían un especial informativo a la altura y no el despropósito que decidió organizar RTVE el pasado jueves. La audiencia, ávida de contenido durante las vacaciones, respondió dándole al documental ‘Yo, Juan Carlos, Rey de España’ el liderazgo de la noche, con un 13,6% de share. Pero solo fue eso, un entretenimiento de verano inofensivo sin ningún tipo de valor periodístico.

Nos vendieron un documental censurado sobre la figure de Juan Carlos I, supuestamente vetado por el PP en 2016, y no fue más que un masaje con rodilleras. Pero mucho más complaciente fue el debate previo presentado por Carlos Franganillo. Unos colaboradores tremendamente cortesanos se dedicaron a rebajar los “despistes” del emérito y a ensalzar la existencia de la monarquía. Y lo peor no es que fueran pelotas, es que además eran aburridísimos. Lo de monárquicos es perdonable, pero ser soporífero en televisión está terminantemente prohibido. Viendo el calibre del somnífero uno terminaba pidiendo a gritos la entrada de María Patiño para animar el cotarro.

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Mucho más entretenido el documental emitido en TVE el miércoles sobre la vida de Sara Montiel.  ‘Lazos de sangre’ marca el camino que debería seguir la televisión pública: ser capaz de recordar tiempos pasados con una mirada del siglo XXI. Lejos de caer en la naftalina somnolienta o en la nostalgia exacerbada, las biografías consiguen el equilibrio perfecto entre un relato narrado en tiempos de ‘Tik Tok’ y un recuerdo al pasado respetando todo lo acontecido. Grandes historias sin edad con un envoltorio audiovisual para todos los paladares.

Ya van tres años consecutivos que la cadena pública apuesta por ‘Lazos de sangre’ durante el relajo estival. Pese a un leve descenso de audiencia respecto a años anteriores, el programa sigue estando entre lo más visto de La1 en durante los meses de verano. Quizás el éxito seria mayor con un previo a la emisión del documental algo más escueto. El capítulo dedicado a la Montiel subía hasta un aceptable 10,4% de share, recordando la figura de una artista global a la que habría que reivindicar mucho más a menudo.

Bastante mejor le van las cosas a ‘Hormigas blancas’ en su nueva etapa en Telecinco. El segundo capítulo protagonizado por el epidemiólogo Miguel Bosé subía hasta un buen 14,1% de share. En su versión 2020 el formato pierde parte de su narrativa al interrumpir constantemente el documental con el análisis de la mesa de colaboradores.

Las biografías requieren de una continuidad en el relato para que el espectador se mantenga enganchado a las historias de vida. Si se corta el hilo cuesta mucho más retomarlo luego. El formato entonces deja de ser un documental para reformularse en una tertulia en la que se van emitiendo videos para comentarlos a continuación. El cuento es mejor mantenerlo entero, ya habrá tiempo de debatir a posteriori, aunque sea con Pelayo sentado entre los comentaristas…

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