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La crítica de la semana: Venceréis, pero no sé si convenceréis

ANÁLISIS | Semana del 1 al 7 de junio de 2020

Los concursos más populares de la temporada van bajando las persianas con la proclamación de unos ganadores con un futuro televisivo bastante incierto.

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‘Supervivientes’ decía adiós el pasado jueves con una de sus ediciones más vistas. La final del concurso se alzaba con un estratosférico 34,4% de share pese a ser el desenlace más aburrido de toda su historia. La necesidad de estirar el filón pese a las limitaciones que imponía la pandemia propiciaron que la recta final del concurso fuera un auténtico despropósito televisivo. Para terminar en un resort de cartón piedra en Arganda del Rey era mejor finalizar la edición en Honduras con un cierre a la altura de su audiencia millonaria.

Al final tuvimos un desenlace carente de emoción con un ganador que caerá en el olvido con la misma rapidez que la carrera musical de Bigote Arrocet. Jorge, el guardia civil, se alzaba como ganador de ‘Supervivientes 2020’ . Un personaje plano, sin grandes dotes para la supervivencia y practicamente invisible en cualquiera de las galas. Se hizo visible en la isla en el tramo final de la edición por una mera cuestión numérica; sabíamos que existía porque ya había desparecido la mitad del elenco.

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La carrera televisiva de Jorge terminó el jueves por la noche tras la entrega del cheque con los 200.000 euros. El sufragio universal, algo limitado a las 2 de la madrugada, hizo que el guardia civil se alzara con la victoria con el único mérito de ser discreto. Ganadores de otras ediciones, si bien no destacaron por su capacidad para genera polémicas, sí lo hicieron por su instinto de supervivencia o sus habilidades en las pruebas. En el caso de Jorge, ni eso. Su triunfo, y el auge de VOX,  son dos claros ejemplos de hasta qué punto la democracia está sobrevalorada en España.

Mucho más merecida será la muy probable victoria de Nia el próximo miércoles en ‘OT’. La canaria ha demostrado su portento artístico desde el minuto uno, convirtiéndola en un valor seguro en casi cada una de sus actuaciones. Pero Nia no es mucho más que eso, una gran ejecutora de karaoke sin el carisma necesario para desarrollar una carrera discográfica de larga duración. Talento no le falta para convertirse en una primera figura del musical, pero su personalidad artística no tiene el suficiente peso como para auparla en ídolo pop. Ojalá me equivoque.

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La victoria de Nia repite el patrón de lo ocurrido con Famous y otros ganadores de ‘OT’. Son los que despiertan un mayor consenso general pero son incapaces de generar un escuadrón de fieles lo suficientemente generoso como para sostenerlos en el tiempo. Su éxito es incontestable mientras dura el concurso, tienen el voto (recordemos que es gratuito) de la mayoría de los espectadores pero son abandonados una vez se apagan los focos. El público de un talent show vota al mejor intérprete y no al mejor artista. Solo hace falta remontarse a la edición anterior. Mientras Famous está desparecido en combate, Miki, que quedó sexto, es el verdadero triunfador de su promoción.

La posible victoria de Nia cerrará la edición de ‘OT’ más accidentada de toda su historia. El programa se despide como un claro referente en las nuevas formas de consumo audiovisual pero con una desconexión notable de la audiencia tradicional. Su semifinal alcanzaba un 12,6% de share, un buen dato teniendo en cuenta la situación actual de TVE pero muy alejado de las audiencias millonarias que debería alcanzar un gran formato como ‘Operación Triunfo’.

OT’ no pude conformarse con contentar a su fandom y debe luchar para seducir a audiencias más amplias. Una primera gala carente de sorpresas y un canal público poco volcado en su producto estrella, no han ayudado en la penetración del formato como fenómeno social. A pesar de las inclemencias, hay que reconocerle al programa su capacidad para resurgir con grandeza tras el parón del confinamiento. No era tarea fácil levantar un show televisivo sin público y con los ánimos por los suelos, y ‘OT 2020’ ha mantenido el espectáculo convirtiéndose más que nunca en servicio público.

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