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La crítica de la semana: Solo a los chicos se les permite ser “raros”

ANÁLISIS | Semana del 17 al 23 de febrero de 2020

La singularidad en televisión es un terreno hostil para las mujeres que aspiran a un papel protagonista.

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La belleza, por muy subjetiva que parezca, pasa inevitablemente por el filtro de los cánones que aceptamos colectivamente. Si nos alejamos del discurso políticamente correcto hay que admitir públicamente que hay cosas más bellas que otras, simplemente por una cuestión estética: siempre será más bonita una rosa que un cardo borriquero. Hay gente más guapa que otra, esto es así por muchas veces que nos repitamos que la belleza está en el interior.

El cine o la televisión se han encargado durante toda sus historia de perpetuar ciertos ideales estéticos. La belleza capitaliza las historias de la pequeña pantalla y en la mayoría de ocasiones esta viene asociada con el éxito. Ser guapo/a suma, aunque hay ciertos matices cuando trasladamos esta máxima al género. Mientras ellos pueden ser graciosos e inteligentes y tener una belleza distraída, para ser la protagonista de una serie siempre debe acompañar un físico que se amolde a los estandartes. Nuestra historia televisiva está cargada de ejemplos, Emilio Aragón de la mano de Lydia Bosch en ‘Médico de familia’ o Ross y Rachel en ‘Friends’. Lo de ser poco agraciada y protagonista solo es posible si al final de la serie te conviertes en cisne, como en ‘Bea, la fea’.

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Esta tendencia parece acompañarnos hasta nuestros días. El protagonista de ‘The Good Doctor’ no es especialmente guapo pero eso no es impedimento para liderar una serie. Y está muy bien que así sea, pero inevitablemente uno piensa en otra ficción médica y le viene a la cabeza la inequívocamente bella Meredith Grey, protagonista de ‘Anatomía de Grey’. A ella, a parte de sus capacidades mentales, el público o los productores de la serie le exigen otras cualidades.

La audiencia parece encantada con este joven con el síndrome de Asperger. Esta semana ‘The Good Doctor’ marcaba máximo de temporada con un correcto 14,5% de share en Telecinco, un doble capítulo sobre una cuarentena hospitalaria muy oportuno en estos tiempos de coronavirus. En líneas generales  la serie es efectista y tramposa, pero funciona desde el minuto uno. Es la historia mil veces contada del personaje diferente que intenta encajar en un ambiente hostil, todo ello revestido de exhibicionismo sentimental e interpretado magistralmente por Freddie Highmore. El actor tiene la habilidad de tener permanentemente la lágrima pegada al ojo sin llegar a derramarla, ese sí pero no que consigue desbordar emocionalmente al espectador.

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El chico «raro» del instituto triunfa con ‘Sex Education’

Otro actor singular que triunfa actualmente en todo el mundo con la serie ‘Sex Education’ es el británico Asa Butterfield. El que en su día fue ‘El niño con el pijama de rayas’ es el protagonista absoluto de esta serie adolescente que rompe las jerarquías estéticas habituales en este tipo de ficciones. El chico “raro” del instituto es pretendidamente el modelo a seguir que se ofrece desde la serie. Sin perder un ápice de su vulnerabilidad y manteniendo el orgullo freak hasta el final, el protagonista de la serie se presenta como un ejemplo de éxito. Eso sí, mientras él puede permitirse el lujo de no poseer la belleza Timothée Chalamet, la protagonista de la serie no tiene la misma suerte. La chica inalcanzable de esta ficción británica, por muy desestructurada que esté su familia en la serie, sigue ajustándose a la tiranía de la industria televisiva y es objetivamente hermosa.

‘Sex Education’ no es pretenciosa en su narrativa pero es terriblemente entretenida. La serie hace saltar por los aires cualquier estereotipo y dinamita la jerarquía habitual que se establece en los institutos de las ficciones adolescentes. La orientación sexual, la raza o la clase social de sus personajes no perpetúan los roles habituales, se presenta una realidad en la que la personalidad de cada uno marca su destino más allá de los estigmas sociales. Unos referentes mucho más cercanos a un mundo ideal que no los mitos a los que nos tienen acostumbrados las series americanas.

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