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El blog de Alejandra CastellóOpiniónPortada

Final ‘El Tiempo del Descuento’: Gianmarco gana el maletín más irrelevante de la historia

‘El ojo de Alejandra Castelló’: Crónica de la Gala Final de ‘El tiempo del descuento’.

Llegamos a la final de ‘El tiempo del descuento‘, a la última gala de este reality exprés que ha durado sólo un mes. Y menos mal. Mucho ha tardado en acabar. Soy una absoluta fan de estos formatos y de casi todo lo que haga Telecinco, para que engañarnos. Pero este reality, dos semanas después de la final de ‘GH VIP 7’, con las mismas personas (pero con menos ganas) y las mismas tramas (pero sin la novedad de estas) ha tenido como resultado un reality totalmente prescindible y falto de interés, así que si, por fin, llegamos a la final.

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Unos finalistas raros, como toda la edición. Pol, en serio, ¿qué hacía ahí? Kiko y Gianmarco, que han seguido con sus tramas, que era lo único que había… Y la novedad, Anabel Pantoja, la única que supongo que entraba con ganas ya que en la anterior edición no llegó ni a dormir en la cama de la casa.

Para que engañarnos, me encantaría verles por un agujerito, cuando salgan, pensando que esto ha sido tan grande como GH VIP, y vean que toda España está centrada en el reality que les ha quitado absolutamente todo el protagonismo: “La isla de las tentaciones”. Pobre Anabel, cuando consigue entrar en un programa, y mantenerse más de una semana, aparece Estefanía.

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Por cierto, por si hay alguien, que lo dudo, enganchado de verdad al reality y está con pena de no ver más a sus protagonistas (la sensación que a veces sí que tenemos cuando acaba una muy buena edición) pueden estar tranquilos. Algunas de las tramas ya se empiezan a alimentar en el exterior, hoy Estela ha confesado que se ha separado de Diego Matamoros. No sé exactamente que pensar… ¿Les ha podido la situación con Kiko? ¿O Diego ha visto que a Estela le ha gustado en exceso el mundo de la tele y que lo ha puesto por delante de todo? Sea como sea, pronto nos lo explicaran en un Deluxe, seguro.

Mi gozo en un pozo, lo dije por activa y por pasiva, Anabel Pantoja era mi ganadora, sin duda. Pero se queda en el tercer puesto (menos mal que Pol que ha quedado cuarto, solo faltaría). No entiendo como no hemos premiado a alguien tan de verdad que lleva galletas de chocolate envueltas en papel de plata en la final de GH, y nos las enseña. O la que ha llorado días antes en el confesionario por que le han dado un vestido de señora de 44 años y parece Montserrat Caballé. Es maravillosa. Es una grandísima concursante, ha remado a favor, lo ha vivido, lo ha sentido, nos ha cantado… Y es a la que más me creo, con muchísima diferencia. No debería quejarme, porque no he votado, pero me quejo.

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La final queda entre Gianmarco y Kiko, los dos protagonistas de las dos tramas que han “aguantado” este reality. Y han llegado enfadados a la final. Tengo una teoría, y es que esta edición se la lleva el chico que tenga la novia con más tirón, con más “fandom” en el exterior. ¿Quien tiene más fuerza, Sofía o Adara?

El maletín más insignificante de la historia se va para Italia

Y se lo llevó Gianmarco. Como era previsible. El maletín se va para Italia. Ha ganado el culebrón de la edición. Todo queda en la misma casa. Él aún no lo sabe, pero se lleva un maletín bastante irrelevante. Eso sí, después de una entrevista final eterna y llena de encontronazos entre los dos y con varios momentos de «machitos tontos» de bastante vergüenza ajena. Quien nos lo iba a decir cuando empezó GH VIP en septiembre y el italiano era de los más votados como mueble, ¿verdad? Esto sí que es una de las maravillas de estos formatos, las vueltas que da todo, y como todo cambia cuando menos te lo esperas.

Lo que me llevo de esta edición es la alegría de que Jorge Javier la haya podido presentar, lo que significa que está bien con sus problemas de salud controlados, el poder ver los videos de Anabel Pantoja en todo su esplendor (los videos de Dinio poniéndose cachondo con ella son maravillosos), y me quedo tan bien con el sabor amargo del poco interés que me ha provocado, y con la esperanza de que el siguiente sea mucho mejor, cosa que no es difícil. Me cojo a las palabras del súper: “Nos vemos muy pronto”.

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