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La crítica de la semana: ‘OT 2020’, rebelión en las aulas

ANÁLISIS DE AUDIENCIAS | Semana del 20 al 26 de enero de 2020.

La nueva edición deOT 2020ha despertado las iras de los seguidores del programa acostumbrados al ejemplo humano que deprendieron las dos anteriores generaciones.

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El casting de concursantes para un programa de televisión no es un guión preestablecido. De ahí surge la magia de la que se alimenta el público, de la imprevisibilidad del ser humano en todas sus facetas. El espectador va conociendo a la vez que lo hacen los responsables del programa los vértices de las personalidades de sus protagonistas. Saber de antemano como estos van a comportarse es imposible más allá de la ficción, el relato se escribe segundo a segundo desde el momento en que los sujetos empiezan a interaccionar entre ellos.

Solidaridad, camisetas con mensaje y discursos en favor de la diversidad caracterizaron a los Alfreds y Albas Reches de ediciones pasadas. Este sueño de una juventud con valores se ha desvanecido en 2020 con unos concursantes, algunos de ellos, con actitudes más representativas del país donde VOX es ya la tercera fuerza parlamentaria. Homofobia, machismo o abusonas con muy malas formas, un grupo humano imperfecto con actitudes que algunos ya creían superadas.

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Una vez descubiertas las carencias del casting el programa ha actuado de la mejor manera. Noemí Galera ha cogido el toro por los cuernos charlando con los concursantes más díscolos, con un mensaje contundente y edificante no solo para los señalados sino también para esos miles de forofos que los siguen desde sus casas. Ahí está el valor del formato, saber confrontar estas actitudes reprobables y reconvertirlas en instrucciones de vida para una audiencia que todavía está en proceso de formación personal. La academia no se ha quedado impasible ante la intolerancia y esto engrandece al formato, ofreciendo al espectador la posibilidad de no solo ver una evolución musical de los concursantes sino también la personal.

Homofobia, machismo o abusonas con muy malas formas; la nueva edición de ‘OT 2020’ ha despertado las iras de los seguidores del programa».

Quizás esta necesidad de reeducación de algunos de sus protagonistas sea uno de los alicientes que encuentre la audiencia para dar alas a un programa que vuela algo bajo este año. ‘OT 2020’ registraba el pasado domingo un tibio 12,6% de share, convirtiéndose en la tercera opción de la noche. Por mucha audiencia social y target comercial que acumule el programa no deja de ser un dato preocupante, ‘Operación Triunfo’ es un formato ganador y sus responsables no deberían conformarse con pasar desapercibidos para el gran público.

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Es difícil hacer un diagnóstico de las causas, en esto de la tele y las audiencias no hay un manual de instrucciones. Una parte del problema estuvo en la gala inicial, que calcó la mecánica de ediciones anteriores y se centró en complacer a los habituales del programa. No hubo sorpresa ni emoción hasta los minutos finales en los que se desvelaron los 16 elegidos.

El público ya ha visto tropecientos talent shows y necesita no saberse el guión de memoria. A la gente le gusta jugar desde sus casas intentando adivinar si este sí o este no, y no puede pasar una eternidad entre ver actuar a todos los aspirantes y saber quiénes son los agraciados. Está muy bien lo de cantar pero hay que poner algo de intríngulis y retorcimiento al asunto. Trasladar al espectador el sufrimiento del concursante por saber si será bendecido con el pase a la academia, empatizar con estos y sus historias potenciando la incertidumbre de averiguar si alcanzarán su meta.

Llevamos solo dos programas, todavía hay tiempo para remontar. No estaría mal, aunque ya lo demos por perdido, ampliar la presencia de ‘OT’ en la cadena y generar algo de interacción con su público. Aprender un poco de Telecinco y retroalimentar de contenido otros espacios del canal público. Si tienes un formato de estas dimensiones dale el peso que merece, son horas ingentes de contenido televisivo que podrían dar material suculento para centrifugar en otros programas, a la vez que dan visibilidad al formato madre. Hagan ustedes un esfuerzo y denle el sitio que merece al talent show más visto de la historia de España, tampoco van las cosas en La 1 como para ser conservadores con sus dinámicas de cadena. ‘OT’ nos ha dado demasiado como para despedirse por la puerta de atrás y no volver a saber de él hasta dentro de 10 años.

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