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La crítica de la semana: Enganchados a la muerte

ANÁLISIS| Semana del 13 al 19 de enero de 2020

De la misma forma que evitamos hablar de la muerte nos sentimos poderosamente atraídos por ella. La tele del siglo XXI parece que va adentrándose sigilosamente en uno de los pocos tabús que le quedan por explorar.

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El cuerpo de una chica sin vida aparece por sorpresa en los aledaños de una zona rural de España. Este es sin ninguna duda el punto de partida más recurrente de la ficción española de los últimos años. El lunes llegaba ‘Néboa’ a TVE, la enésima serie en la que un policía intenta resolver un asesinato en la familiaridad de un paraje idílico. Podría ser el mismo contexto que nos llevó al pirineo aragonés para resolver el secuestro de dos niñas en ‘Monteperdido, pero en esta ocasión toca trasladarse a Galicia. En todos los casos se reproduce el mismo patrón, la aparente tranquilidad de un pueblo se ve alterada por un crimen que hará florecer las miserias e inquinas de sus habitantes.

La nueva serie de La1 se estrenó con un escueto 10,3% de share. Por muchas veces vista la misma historia, los sucesos siguen copando horas infinitas de televisión y las series españolas parecen empeñadas en trasladar un homicidio a todos los parajes del territorio nacional con algo de verde. Un género por sí mismo que en nuestro país podría catalogarse como Cuidadoconlasfiestasdelpueblo.

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Más allá de este apunte con pretensiones sociológicas, ‘Néboa’ no aporta nada nuevo al género, pero entretiene. Visualmente impecable con unos planos que hacen las delicias de cualquier esteta, la trama se sostiene por la simple necesidad de conocer al culpable del crimen. Más allá de la intriga central las historias derivadas son, por el momento, meros adosados sin funcionalidad alguna. Por suerte la serie cuenta con la vuelta de Emma Suárez a la pequeña pantalla, una intérprete que siempre aporta valor y que en este caso no decepciona.

Si en los crímenes la muerte saca lo peor del ser humano en los entierros muchas veces salen a relucir las bondades del fallecido. Por muy egocéntrico que suene, todos alguna vez nos hemos imaginado cómo sería nuestro funeral. Por fin alguien se atreve a llevar esta premisa a la televisión y esta semana nos tocaba asistir a la despedida de María Teresa Campos. La segunda temporada de ‘El cielo puede esperar’ sigue su andadura en Movistar+ con uno de los formatos más rompedores de la televisión actual.

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La periodista malagueña presenciaba desde las alturas su propio entierro. El programa hacía un recorrido completo por toda su biografía, personal y profesional, con un grupo extensísimo de seres queridos que querían rendirle un último homenaje. Recalco lo de extensísimo ya que me parece uno de los grandes méritos del programa, reunir en un mismo espacio a un número tan generoso de celebridades: Manuel Campo Vidal, Pepa Bueno, María del Monte, Juan Ramón Lucas, Toñi Moreno, Bigote Arrocet o las herederas de María Teresa fueron solo algunos de los asistentes al velatorio. Mención aparte merece Guitarricadelafuente que se atrevió con una versión para coleccionistas de ‘Un ramito de violetas’.

El punto de partida de ‘El cielo esperar’ es soberbio, los tiempos para los parlamentos los correctos y consigue el equilibrio idóneo entre la emoción y el humor. Pero, siempre hay un pero, sobran según que incursiones de guión metidas con calzador. Un camarero que pretende ser gracioso pero que molesta al sacarte mentalmente del acto central y algunas frases pactadas con los invitados, que aportan más teatro que verdad. En todo caso, si algún día somos famosos, nos encantaría recibir tal homenaje.

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