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La crítica de la semana: Ciudadanos adictos a los focos

ANÁLISIS DE AUDIENCIAS | Semana del 8 al 14 de julio de 2019

Con permiso del sainete protagonizado por Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, esta semana nos hemos emborrachado de la amargura de Ciudadanos en televisión.

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Hay muchos motivos para entrar en política, algunos más loables que otros. Cuando careces de ideología y tu único propósito es el poder terminas cayendo en la incoherencia eterna.  Esta es el leitmotiv de Ciudadanos, tras un caparazón de gobernantes del siglo XXI se esconde un discurso vacío. Un partido político que vive del conflicto, que se siente como un cerdo revolcándose  en el barro y busca constantemente el foco para dar notoriedad  a su nimiedad. 

La televisión es el medio perfecto para remover la polémica, puede generar ingentes horas de contenido a partir del mínimo roce, y Ciudadanos es el partido político más predispuesto a ofrecerle sus vísceras en bandeja. Los secuaces de Albert Rivera son el típico jugador de fútbol que busca constantemente el cuerpo del adversario para terminar tirándose al suelo y pedir falta del equipo contrario. Parece que hasta esta semana a España no se le ha caído la venda de los ojos y ha descubierto las verdaderas intenciones del partido naranja.

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A Ciudadanos le gusta la pequeña pantalla y viceversa. Tanto le gusta a la televisión el partido de Albert Rivera que este viernes su relación con la cantante Malú paso a ser titular de los informativos, convirtiendo a las ediciones de Telecinco y Antena 3 en lo más visto del día. De ello también se beneficiaba ‘Socialité’ que conseguía el sábado un estupendo 14,2% de share con la exclusiva tardía de la cantante de ‘Aprendiz’. Pero este vínculo entre partido y medios va mucho más allá, es un amor incondicional que no se puedo ocultar el pasado fin de semana cuando los informativos de Telecinco se posicionaron del lado de Inés Arrimadas tras su deplorable actuación en el Orgullo de Madrid. Fue bochornoso asistir a la victimización de la política que había encendido la mecha, pero ya se sabe que los informativos del fin de semana del principal canal de Mediaset siempre tiran hacia la derecha. Apostaron por defender lo indefendible,  por darle a una yonqui de la cámara lo que andaba buscando: ser el centro de atención.

Arrimadas fue a la manifestación del pasado sábado a sabiendas que no era bien recibida, las reivindicaciones del colectivo le importan lo mismo que al resto de españoles una nueva operación de estética de Leticia Sabater. Lo importante era estar y ensuciar, para desdibujar sus pactos con VOX y poner el foco en una agresión ficticia por parte de los manifestantes hacia los juglares de Ciudadanos.

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Cuando Inés Arrimadas entró en política me sedujeron sus maneras, nunca su discurso, pero pensaba que a pesar de estar a sus antípodas ideológicas era una política coherente con una oratoria convincente. Pero me equivoqué como seguro que le pasó a miles de españoles, compramos la puesta en escena que tanto nos gusta en un espectáculo televisivo sin darnos cuenta que detrás de esa falta de ideología se escondía un ser agresivo enganchado a los focos, al más puro estilo Aída Nízar. Una concursante perfecta para un reality pero tremendamente dañina cuando ejerce el poder político. Ya la vimos haciendo el ridículo en Waterloo dándole alas a un político decrépito como Puigdemont o en la manifestación del 8 de marzo buscando ser el centro de atención cuando la reivindicación era lo más importante. El sábado en el Orgullo fue su última parada de la gira teatral que inició al meter los pies en política, que durará mientras siga dando escenas de impacto para televisión y los votantes  le sigan comprando la fábula.

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