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La crítica de la semana: La otra mirada

ANÁLISIS TELEVISIVO | Semana del 4 al 10 de marzo de 2019.

Por muchas mujeres que aparezcan en televisión, si los puestos de dirección en el medio siguen ocupados mayoritariamente por hombres la mirada de la realidad que ofrece el sector estará eternamente sesgada.

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Creemos que avanzamos pero estamos todavía a mitad de camino. Afortunadamente el machismo más evidente ya no se permite en televisión o por lo menos cuando este se produce se denuncia, pero el día a día de la pequeña pantalla está plagado de casos en los que los patrones del heteropatriarcado siguen marcando la pauta. Sin darnos cuenta, como espectadores toleramos y aplaudimos conductas que perpetuán los roles de género y relegan a la mujer a una posición siempre supeditada al macho alfa. Solo hace falta dar un vistazo a la televisión que consumimos; mesas de colaboradores en los que la belleza de las mujeres es un requisito imprescindible para ocupar un puesto mientras en el caso de los hombres solo hace falta el ingenio, secciones de deportes en los informativos con escasos segundos para el deporte femenino frente al atiborramiento del masculino y concursantes de reality aplaudidos por la audiencia a pesar de reproducir actitudes del cromañón.

Mucho trabajo queda por hacer y todavía hace falta que salga más gente a la calle el 8 de marzo cuando existen voces en televisión como la de Isabel Rábago. La “prestigiosa” periodista se permitía esta semana la simpleza de reivindicar su feminidad y negar el valor del feminismo a través de sus redes sociales, eso sí, todo adornado con una postura muy natural en un pasillo  de Telecinco. La colaboradora que nunca se ha contentado con un puesto detrás de las cámaras tenía ansias de protagonismo y esta semana vivió su minuto de gloria, aunque muy a pesar de la susodicha esto no se tradujo en mejores audiencias para ‘Ya es mediodía’, el programa en el que trabaja. Pese a darle más minutos no vio crecer su audiencia. Isabel Rábago quiso ser la protagonista de la semana pero apareció una mente pensante todavía más ilustrada con un mensaje más recalcitrante, fue el turno de Bea la legionaria y su alegato antifeminista  a favor de VOX. Estos bizarrimos que suelen tener su gracia en este caso no hicieron ni puñetera gracia. Hubo otras meteduras de pata, como la de Alejandro Sanz maquillándose para ponerse en la piel de una mujer, pero en este caso se debe más a una torpeza que a un acto de mala fe.

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Es importante que todas las voces se escuchen en televisión, incluso la de Isabel Rábago, para ser conscientes de los puntos de vista que existen en la sociedad, todos, incluso los más extremos. Sepamos a lo que nos enfrentamos y combátamelos con argumentos, y en las urnas. Reivindiquemos siempre la libertad de expresión pero seamos críticos con aquellos que no defienden la igualdad. La televisión, como el mundo, debe de luchar por el feminismo pleno, y todavía tenemos muchos deberes por hacer. Acabemos con las chicas florero al lado del presentador gracioso de turno o con tanta serie con personajes femeninos infelices por no tener un hombre al lado. No dulcifiquemos en tertulias e informativos expresiones como vientres de alquiler  con eufemismos más amables como gestación subrogada. Seamos críticos con los contenidos que se nos ofrecen pero también con nosotros mismos como espectadores por los comportamientos que toleramos.

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