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Las hermanas de Marta del Castillo rompen su silencio: “Sueño con ella y me intenta decir dónde está”

Lorena y Mónica, hermanas de Marta, han hablado por primera vez en ‘Viva la vida’ tras 10 años de la desaparición de su hermana.

Cuando Marta del Castillo desapareció y conmocionó a todo un país, Mónica tenía 10 años. Su otra hermana apenas llegaba a los 13. Ambas recuerdan cómo era su hermana, no olvidan que compartían habitación las tres juntas y su olor a vainilla. Para que su memoria y su recuerdo no se pierdan, Mónica y Lorena han querido hablar por primera vez en televisión. Mónica lo ha hecho con el rostro oculto, no quiere ser reconocida, pero Lorena ha hablado a cara descubierta.

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En el programa de Telecinco, ‘Viva la vida’, las hermanas han explicado que hablan para que no se olvide a Marta y para que “si alguien sabe algo que nos ayude”. “Me ayudaría encontrar el cuerpo de mi hermana para tener una paz interior», decían.

10 años después de la desaparición, las hermanas de Marta no olvidan aquella fatídica noche de enero. Definen aquel momento como desgarrador y donde predominaban los nervios, las llamadas de teléfono y la incertidumbre. “Me pasaron a mi habitación, que estaban mis padres, y me dijeron que mi hermana había muerto, que Miguel la mató con un cenicero», recordaba Lorena.

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Para Mónica, esa noche fue “el día más doloroso de mi vida». Una noche que le dejó una marca de por vida. A día de hoy, asegura tener a su hermana presente incluso en sus sueños. “Sueño con ella, me intenta decir dónde está”. Muchas preguntas sin resolver tras una década pero con una incógnita predominante en Mónica: “¿por qué se hizo amiga de esas personas?”.

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Las hermanas de Marta sufrieron el dolor de la pérdida de una hermana pero también el tormento de ver a sus padres derrumbados y ahondados en un enorme vacío. Entre lágrimas, Lorena ha relatado que sus padres “han cambiado muchísimo” y ha reconocido que su hermana Marta se ha convertido casi en un tema “tabú” en su casa. “Mi madre apenas sale, está siempre mala. Mi padre ya no es como era antes», confesaba.

Dolor y sufrimiento que aumenta, según las hermanas, al no poder llevar flores a su hermana. No saben qué pasó aquella noche y qué ha sido de su hermana. Una de ellas dice que piensa que está enterrada, la otra piensa que está incinerada y que se cree “la última versión que dieron los acusados”.

A pesar de su inquietud interna, Mónica y Lorena no pierden la esperanza de algún día encontrar el cuerpo de su hermana y al fin descansar. Y si no es así, con fe y como consuelo, desean reencontrarse con ella en el más allá. «Si es cierto que hay otro mundo nos veremos allí y pasaremos el tiempo que no hemos pasado aquí abajo».

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