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‘La Marató de TV3’: Telecaridad para lavar la cara al independentismo

La televisión pública catalana ha celebrado la 26ª edición de su telemaratón anual cuyos beneficios se han destinado a la investigación sobre el cáncer.

Un año más, el mes de diciembre ha venido acompañado del que podríamos calificar como “el gran evento solidario” de TV3. Un proyecto impulsado por la propia cadena pública que se celebra ininterrumpidamente desde 1992 con el objetivo de conseguir el máximo número de donativos para la investigación y divulgación de enfermedades. Aunque esta última edición se ha centrado en el cáncer, las ediciones anteriores tuvieron temáticas como las enfermedades infecciosas, diabetes y obesidad, trasplantes de órganos.

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Se trata, efectivamente, del telemaratón que más dinero recauda de toda España. Entre otras cosas, porque el resto de cadenas estatales y autonómicas no cuentan con iniciativas similares más allá de la  ‘Gala Inocente, Inocente’ de TVE. Al parecer, este es motivo suficiente para muchos representantes políticos catalanes -y para sus seguidores incondicionales- a la hora de jactarse de la solidaridad del “pueblo catalán” frente al resto de españoles. Lógicamente, no es necesario enfatizar en que un muy alto porcentaje de estos comentarios proviene del ámbito independentista.

Es indiscutible que ‘La Marató de TV3’ es un instrumento recaudatorio excelente. Sin embargo, aquellos que contribuyen económicamente año tras año quizás olvidan el pequeño detalle de que están colaborando con una iniciativa que intenta suplir el Estado del bienestar mediante la caridad. Todo ello con la ayuda incondicional de personajes mediáticos que tratan de lavar su imagen con grandes donativos, y una gran producción televisiva con espectáculos y parafernalias varias. Eso sí, tampoco pueden faltar las entrevistas dramáticas -propias del modus operandi más sensacionalista- que apelan a la emoción del espectador.

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Como no podía ser de otra forma, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, también ha querido formar parte de este show televisivo atendiendo las llamadas telefónicas de los ciudadanos. Él, que forma parte de un partido político que ha recortado un 27,5% el gasto en sanidad de Cataluña en ocho años y que ha iniciado un proceso de privatización del sector sin precedentes. Pero qué más da. Lo importante es saber venderse ante una masa incapaz de analizar más allá de lo que ven sus ojos.

Mientras Cataluña lidera las listas de espera sanitarias en España, su presidente responde al teléfono a cientos de personas -orgullosas- que llaman para realizar donativos para un problema que su gobierno no es capaz de solucionar. Aunque lo cierto es que estas actitudes siempre han sido propias de la derecha política. Una derecha que desde hace años trata de esconder sus recortes y ataques constantes a los servicios públicos bajo la bandera del independentismo. ¿No nos recuerda esto a algo?

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Este telemaratón fue creado en 1992 bajo en mandato de ‘Convergència i Unió’ de Jordi Pujol. Evidentemente, seria absurdo afirmar que por aquel entonces se concibiera como un instrumento independentista, teniendo en cuenta que esta corriente contaba con escasos seguidores. Ahora bien, lo que sí es cierto es que este tipo de programas han sido históricamente utilizados y promovidos por gobiernos neo liberales cuyas políticas se alejan claramente de lo social. Que se utilicen las televisiones públicas para recaudar fondos que no se han sabido invertir desde el propio modelo del Estado del bienestar es una práctica a la que podría aferrarse perfectamente cualquier partido político, independientemente de su postura frente al secesionismo.

La Marató de TV3 un año más nos sorprenderá con el increíble porcentaje recaudado. Mientras, muchos seguirán pensando que es una reacción ante el “expolio económico español”. Habrá quienes sigan ignorando que la sanidad es una competencia transferida bajo la tutela exclusiva del gobierno catalán. Otros continuarán abriendo embajadas en el extranjero mientras miles de personas esperan ser atendidas en hospitales públicos. Al fin y al cabo, esto es lo que pasa cuando la ignorancia y la caridad se dan la mano.

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