Opinión

Las 5 pruebas de manipulación informativa en TV3

Todas las televisiones públicas corren el riesgo permanente de convertirse en instrumentos propagandísticos del gobierno de turno, en mayor o menor grado. Y en España tenemos claros ejemplos de ello. Sin embargo, esta propaganda informativa proveniente de dichos entes públicos tiene un límite. Una frontera que acaba donde empieza la animadversión hacia todo aquél que no acata la doctrina en cuestión.

Lo que lleva sucediendo en TV3 estos últimos años -concretamente desde 2012 con el inicio del “procés”- podríamos definirlo como una obra maestra. Si bien la televisión pública catalana siempre se había caracterizado por su cordialidad hacia los gobiernos de la antigua Convergencia, la situación actual ha superado cualquier expectativa. Y no sólo por la ideología que desprende sin ningún amago por disimularlo, sino por sus ansias de crear un enemigo ficticio llamado Estado español o, en su defecto, españoles.

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1. El término “España” es tabú en TV3

Aquellos que no han tenido la oportunidad de crecer y vivir en Barcelona -o en cualquier otro punto de Cataluña- ignorarán que el término “España” es tabú en TV3. Es por ello que existe una amplia lista de sinónimos para referirse a lo que la mayoría de los tertulianos habituales de la cadena contemplan como el país vecino. Cualquier palabra, por rebuscada que pueda sonar, será mejor que pronunciar el nombre de “España”.

2. La única abanderada de la realidad

A lo largo de historia, TV3 ha sabido venderse a gran parte de la sociedad catalana como la única televisión veraz y honrada. Por ello, no es de extrañar que sea la única cadena cuyos reporteros no reciben el insulto de “manipuladores” en las concentraciones independentistas. Al parecer mientras el resto de medios españoles elaboran falsas informaciones sobre todo lo relacionado con el “procés”, la televisión catalana se posiciona como la única abanderada de la realidad.

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3. Mostrar su único punto de vista

Veamos un ejemplo de ello. El pasado uno de octubre -cuando se cumplía un año del convulso referéndum ilegal- se sucedieron varios actos vandálicos liderados por jóvenes independentistas. Entre ellos, un intento de asalto al Parlament. Acciones que fueron paralizadas por la policía y que TV3 emitió como simples hechos aislados. Mientras, el resto de televisiones estatales sí mostraban contenedores en llamas, el lanzamiento de pintura amarilla contra los agentes, los destrozos del mobiliario callejero o cómo los manifestantes lanzaban vallas a los cuerpos de seguridad. Ahora bien, estos mismos medios españoles también habían dedicado varios minutos de sus espacios informativos a hablar sobre la manifestación festiva que hubo horas antes de los altercados. Un claro ejemplo de manipulación, sin lugar a dudas…

El objetivo es generar una imagen decadente y retrógrada de España

Y es aquí donde recae precisamente el problema de la autonómica catalana, en mostrar su único punto de vista. Bajo ningún concepto puede darse a conocer que el movimiento independentista no es precisamente la “revolución de las sonrisas” en su totalidad. Eso sí, cuando se trata de transmitir un acto a favor de la unidad de España, TV3 se esfuerza en encontrar banderas franquistas (en caso de que, desgraciadamente, las pueda haber) entre la multitud y entrevistar a las personas más radicales y con menos dialéctica de la concentración. Todo con el objetivo de generar una imagen decadente y retrógrada de todo lo que puede representar a su archienemigo, el Estado español.

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Los defensores de TV3 siempre argumentarán que la pluralidad y objetividad de esta cadena no se plasma en ninguna otra. El hecho de referirse a Cataluña como “país” en todos sus programas o de invitar a la líder de la oposición a un debate político y que todo el público del plató luzca un lazo amarillo en su ropa son dos claros ejemplos de neutralidad. ¿Cuál sería la reacción si la situación fuera a la inversa, con un político independentista entrevistado en una cadena estatal rodeado de un público con banderas de España? Muy probablemente estaríamos ante un nuevo caso de manipulación de los medios españoles. Pero cuando sucede en TV3 la impunidad es absoluta.

“España es como un país de África del Norte…”

4. La parcialidad ideológica

Y no es necesario comentar qué es lo que pasa cuando en el “late show” más popular de la cadena desde el público gritan “hijo de…” al invitado, un ex diputado de Ciudadanos. Precisamente por eso, porque no pasa nada. Todo son simples anécdotas aisladas que nada tienen que ver con la filosofía de la cadena. Igual que cuando la periodista Empar Moliner quemó un ejemplar de la Constitución en directo ante las risas y elogios de sus compañeros. O cuando TV3 invita a personajes de la talla del escritor Daniel Estulin para referirse a España como “un país de África del Norte” mientras que Cataluña “es la única parte que se salva porque es europea”. Al fin y al cabo, son simples anécdotas. O eso te dirán.

5. Una realidad paralela

Para TV3, España es una realidad ajena y tóxica. Ni aparece en el mapa del tiempo. Aunque sí lo hacen Valencia y Baleares, considerados por la cadena como parte de los utópicos “països catalans”. Sea como sea, los esfuerzos de TV3 para hacer calar este mensaje en la sociedad son constantes. En el telediario catalán apenas hay espacio para noticias sobre “el país vecino”, más allá de aquellas que hablen sobre la corrupción de la clase política. No interesa decir que en España hay un gobierno de izquierdas, pero sí debatir durante horas de todo lo que dicen Pablo Casado y la derecha más reaccionaria de  sobre Cataluña. Tampoco les parece atractivo hablar de cómo el resto de CCAA siguen pidiendo más competencias y financiación al Estado, exactamente igual que Cataluña. Lo más fácil es repetir hasta la saciedad la mítica frase y hit de la cadena, “España ens roba”.

Una televisión pública debe serlo para todos, independientemente de cuál sea la ideología de unos y otros. Cuando una institución como TV3 deja de representar a más de la mitad de la sociedad, deja de cumplir su función. Lo que está claro es que el cambio debe de empezar desde dentro, del mismo modo que sucedió en TVE o en Telemadrid. Sin embargo, los trabajadores de la televisión autonómica catalana todavía no han dado un paso al frente. Quizás ya hayan entrado a formar parte de la realidad paralela que se vive en los estudios de Sant Joan Despí.

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