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La crítica de la semana: Al filo de la irrealidad

ANÁLISIS DE AUDIENCIAS | Semana del 28 de mayo al 3 de junio de 2018

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Con la temporada baja televisiva a la vuelta de la esquina han llegado a nuestras vidas dos series que llevaban demasiados meses cogiendo polvo en los cajones de las cadenas de televisión.

Cuando Paolo Vasile decide retrasar hasta el bochorno una serie de televisión es que pocas esperanzas tiene depositadas en esta. ‘La verdad’ no solo se estrenó tras años de promoción, tuvo incluso fecha de emisión que se vio relegada por la amenaza finalmente no ejecutada de Antena 3 de emitir ‘Palmeras en la nieve’. Una ficción que ya empezó con mal pie y  que parece que la audiencia tampoco quiere acompañar en su camino, en el segundo capítulo descendía hasta un 15,4% de share viéndose superada por ‘Masterchef’. ‘La verdad’ tiene los elementos para atrapar al espectador pero están tan mal gestionados que al final resulta una apuesta televisiva del todo prescindible. Una sinopsis apetecible, el regreso de Lydia Bosch a algo presumiblemente parecido a ‘Motivos personales’ y el gancho de Jon Kortajarena que se desenvuelve en la interpretación mucho mejor de lo presupuesto. Teniendo actores solventes (está también Irene Montalà) y un punto de partida interesante alguien cocinó un buñuelo en el que la verosimilitud brilla por su ausencia; una amalgama de situaciones exageradas hasta el extremo y actores rozando el ridículo interpretando escenas imposibles (véase el momento de Elena Rivera desesperada en su habitación recordando a su captor que parece más un exorcismo que el mal trago de una pesadilla). ‘La verdad’ ni se acerca a ‘Sé quién eres’, el último referente en este género de la cadena, y termina siendo una mezcla entre ‘El Super’ y ‘700 euros’ de Toni Cantó.

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En ‘La catedral del mar’ también tienen la materia prima, y sobre todo el dinero para desarrollar un buen producto y han terminado creando una ficción por debajo de lo esperado. La serie no está mal, es incluso entretenida, pero el texto original es un imán narrativo para el gran público del que se podía haber sacado mucho más provecho. No es tarea fácil llevar a la pantalla una obra tan reconocible y con una exposición de personajes y paisajes tan extensa, pero teniendo una gran historia detrás resulta decepcionante el resultado final.  Se acertó con el elenco pero alguien se despistó con la factura visual. La imagen está tan tratada y desvirtuada que resulta imposible para el espectador sumergirse en la atmosfera que genera la historia. Por alguna extraña razón, los colores mediterráneos de los que goza Catalunya de repente se convierten en tonalidades oscuras más propias de la fría Invernalia de ‘Juego de Tronos’. Algunos de sus paisajes aparecen difuminados, con luces imposibles o tonos grisáceos que no se contemplan ni en Reino Unido. Si bien es verdad que la dirección de arte de sus decorados nos traslada a la Barcelona medieval, la postproducción distorsiona la realidad de la imagen acercándonos a la Tierra Media. La serie marcó un notable 19% de share esta semana pero perdió algo de fuelle respecto su primer capítulo.

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