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¿Ha merecido la pena vivir Eurovisión desde Lisboa?

Conseguir entradas para ver la final de Eurovisión 2018 fue un gran reto para los eurofans. Pero, ¿qué alternativas hubo para ver la Final en la ciudad anfitriona?

Ya de vuelta en España, cuesta asimilar todo lo que he vivido durante esta edición del Festival de Eurovisión. Sin entrada en mano para la Gran Final, muchos se preguntaban ¿merecerá la pena ir hasta Lisboa para ver la gala en una pantalla? La respuesta: un sí rotundo.

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Nuestro vecinos portugueses sabían que, más que una celebración de la música lusa, era una celebración de la Península Ibérica. Los miles de españoles que nos trasladamos hacia Lisboa, pudimos vivir en nuestras pieles como nos acogieron como si estuviéramos en nuestro país. Antes de la emisión de la Final, animaron el ambiente con todo tipo de canciones, eurovisivas o no, pero la gran mayoría: en español. Enrique Iglesias, David Civera, Los del Río o incluso, Las Ketchup, estuvieron presentes en esta gran fiesta eurovisiva.

Banderas en mano, ilusión y ganas, inició la emisión de la Gran Final. La gente bailaba, aplaudía, mostraban su desacuerdo o acuerdo con las canciones, como si estuviéramos dentro del Altice Arena. La actuación de Amaia y Alfred se vivió con una magia increíble. Se notaba la cantidad de españoles que estábamos allí, y cada vez que aparecían nuestros representantes, se venía abajo el EuroVillage.

La Plaça do Comércio era una auténtica fiesta de Eurovisión. Y aunque cada uno de los asistentes celebraban la actuación de su propio país, con Israel y Chipre se vivió una euforia colectiva. Era una imagen de fiesta, igualdad, y unión, que tardará mucho tiempo en borrarse de mi retina. Y la emoción llegó con la actuación del, ya no vigente campeón, Salvador Sobral.

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Pero la tensión no tardó en llegar hasta el EuroVillage: las votaciones empezaron. Caras de sorpresa con las votaciones del jurado para Austria o Alemania, una fiesta loca cuando España recibía algún punto, y una celebración cuando Israel o Chipre cogían camino hacia la victoria. La decepción llegó con las votaciones del televoto, con las votaciones escasas para países como Australia, Reino Unido, España, y la sorpresa, Suecia. Pero, conociendo que Chipre o Israel se iban a hacer con el micrófono de cristal, no había persona quien parara la celebración.

Netta con su canción ‘Toy’, se hizo finalmente con la primera posición. La plaza se vino abajo y lo dio todo con su actuación final, bajo la luz de la luna, y bajo los fuegos artificiales. Esta es la real magia de Eurovisión y de la música, no importa con quién estés que vas a bailar junto a alemanes, rumanos, o suecos, esa misma canción.

Gracias Eurovisión, gracias Lisboa, y sobretodo, hasta pronto eurofans.

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