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¿Necesita Mediaset una revolución en sus formatos?

Es muy difícil encontrar el camino a la primera. Raro es el día que no tomas una decisión nueva con el fin de experimentar nuevos hábitos o simplemente comprobar que atesoramos desconocidas formas de proceder. En televisión la premisa es obligada.

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Hace algunas semanas analicé lo que puede ser el paupérrimo final de Gran Hermano ante la desmesurada explotación de su formato, y en Telecinco saben que es necesario dejar oxigenar su vino más antiguo para recuperar su esencia. No logro entender que haya que llegar hasta la expiración de los programas para encender la luz roja que avisa del peligro. En Mediaset se cuenta con un enorme equipo creativo capaz de hacer grandes cosas. Es un hecho que hay programas que han logrado una audiencia fiel por la calidad de sus hechuras, aunque es lícito admitir que éstos no son emitidos en el primer canal del grupo, sino en Cuatro, un canal en el que actualmente se emiten los programas más entretenidos y tronchantes que recuerdo.

Granjero busca esposa o ¿Quién quiere casarse con mi hijo? son dos de los ejemplos más longevos, consiguen evadir al espectador de cualquier preocupación gracias a su característico humor. España necesita de estos programas, la prueba es que su emisión suele verse respaldada con unos, más que aceptables, datos de audiencia que indican su éxito. Una brillante realización y un montaje magistral tienen la culpa de enganchar al público de principio a fin. El último fenómeno, llamado a dominar su franja horaria, es Ven a cenar conmigo, un desternillante programa de difusión diaria que nos invita a degustar el menú de cinco personas desconocidas mientras nos colamos en la intimidad de sus casas. Aunque es un formato que ya nos era conocido, ha regresado con la fuerza necesaria para mantenerse, espero, un largo tiempo en emisión. Tan bueno ha sido el recibimiento de los espectadores que se ha necesitado la creación de su Gourmet Edition para satisfacer el exigente paladar de una audiencia entregadísima.

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Cuatro famosos, muy diferentes entre ellos, compiten por ser el mejor anfitrión y conseguir un suculento cheque de tres mil euros. En lugar de ser un programa diario se lleva a cabo a lo largo de cuatro semanas, un famoso cada siete días. En esta primera edición Ana Obregón, Lucía Etxebarría, Víctor Janeiro y Rappel luchan por atesorar la primera de las victorias en esta Gourmet Edition. Insisto en recordar que son muchos los factores que hacen que un formato brille, o simplemente sobreviva, de cara a la audiencia, pero en este caso me arriesgo en afirmar que gran parte del lustre que porta Ven a cenar conmigo, en sus dos versiones, es debido a su maravilloso equipo de guionistas y edición, sin ellos, el resultado no sería el mismo.

Sería espectacular que Mediaset cuidara este tipo de programas, y a la gente que los hace, tanto como cuida otro tipo de valores menos amables y más cañeros que forman parte de su parrilla. Reaccionar a tiempo y saber corregir ciertos errores, cambiar la perspectiva y no caer en los mismos errores una y otra vez nos hace partícipes de nuevos hábitos, solo el fluir de los acontecimientos nos indicará si mereció la pena.

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