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No sé si se acordarán de aquella edición de ‘Supervivientes’ en la que competían Bea La Legionaria y Beatriz Trapote. En una de las excursiones en barca, la primera le espetaba a la segunda que ella, La Legionaria, sabía perfectamente que su participación en el reality respondía a su polémico carácter dentro de la casa de Gran Hermano, mientras que la Trapote aseguraba que su presencia en los Cayos se debía a la fama que había cosechado gracias a su profesionalidad como periodista.  Esto enfadaba en demasía a la gran hermana, pues tanto ella como el resto de España sabía que su enemiga solo concursaba por mantener una relación sentimental con Victor Janeiro.

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Algo así pasa con Pelayo Díaz, estilista de ‘Cámbiame’. El asturiano vive en el mismo tiovivo en el que La Trapote se montó durante años para justificar que su éxito profesional se debía al buen hacer en su trabajo, siendo sus relaciones sentimentales meras anécdotas que contar si es que se diera el caso. Pero la realidad dista mucho de la fantasía.

Si conocemos a Pelayo es sobre todo por haber sido presentado de la mano de David Delfín, ya que en su curriculum el mayor hito que encontramos es haber sido el diseñador de una blusa aleatoria que Rihanna se puso una vez para salir por ahí. Nada más.

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Estos dos hechos fueron suficientes para que La Fábrica de la Tele se fijara en él para ser uno de los tres asesores del programa de cambios estilísticos que ahora presenta Carlota Corredera. A principio, el asturiano proporcionaba al formato un estilo único y sus “pelayadas” eran constantes motivos de noticia. Pero ahora, se limita a querer llamar la atención cada vez con salidas de tonos tan innecesarias como absurdas, buscando ponerse debajo de un foco que le da la espalda con cada palo de ciego que da con cada vez más frecuencia. Como ya el plató se le queda chico, su última polémica ha sido un video que su novio ha subido a Instagram en el que se intuye -y bastante- la forma, tamaño y grosor que tiene su miembro viril.

De ser el reflejo del sueño que todos los influencers y personalidades de Internet intentan alcanzar, Pelayo ha evolucionado en un producto más que transmite pereza por todos los poros de su piel. Porque si hay algo peor que provocar odio entre aquellos que te siguen, es crear una indiferencia similar a la que el instagramer provoca en cada una de sus apariciones en pantalla.

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Ahora, por si fuera poco, saltaba el rumor de que el programa que le llena los bolsillos tendría los días contados. Aunque posteriormente Telecinco desmintiera la bomba, si el río suena es que agua lleva y el citado señor debería hacer un ejercicio de reflexión sobre qué será de su vida una vez que termine de dejar peor de lo que llegaron a la gente que cruza la famosa pasarela, porque dudo mucho que la actitud prepotente de la que hace gala en todas las sobremesas le abra más puertas que las de la próxima edición de cualquier reality de famosos.

Y sino, que se fije en su compañera Natalia, que se bajó del barco presagiando el naufragio al que estaba destinado.

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