Opinión

¿Es objetiva la elección del candidato a Eurovisión?

El pasado lunes, en el ecuador de la gala de Operación Triunfo, Roberto Leal desveló la fecha en que los telespectadores de TVE tendremos la oportunidad de elegir, a través de nuestros votos, al que será nuestro representante en el Festival de Eurovisión de este año 2018, en Lisboa. La gala tendrá lugar el 29 de este mismo mes y no contará con la presencia de ningún miembro del jurado. Uno de los triunfitos, que aún pernocte como concursante en la academia, será el elegido para defender a España en el país vecino. Cada participante tendrá la ocasión de vendernos la canción que, estudiadamente, la organización ha designado para él o ella.

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Ante estas reglas del juego me surgen, fruto de la más absoluta suspicacia, ciertas cuestiones que parece ser no han sido pasadas por alto ni las redes sociales ni en los foros de índole eurovisiva, y es que, desde hace un tiempo ya, los previos al festival nunca vienen carentes de polémica alguna.

El año pasado será recordado como uno de los más controvertidos en cuanto a la elección del candidato español por el desencuentro de intereses existente entre público y jurado. Este año, ante la ausencia de tribunal especializado, parece ser que todo el peso de la designación recaerá sobre el voto de los telespectadores. Es aquí cuando me asalta la primera de mis inquietudes. Operación triunfo alberga un plantel de concursantes que ya cuentan, de manera individual, con un numeroso ejército de seguidores a sus espaldas, es por ello que los que cuentan con más legiones son, a bote pronto, aquellos que tienen el mayor número de papeletas para salir elegidos dejando sin un mayor porcentaje de posibilidades a los otros concursantes que, quizá, puedan detentar la canción con más posibilidades de ganar Eurovisión. Este planteamiento es el que me hace evidenciar la elección del sistema de votos de este año, no confío en que todo el público sea consciente de que estamos ante un festival de la canción y no del intérprete. Gana la canción y no quien la interpreta. Un mínimo de porcentaje final en la designación del elegido por parte de un jurado experto, a mi entender, es más que necesario.

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Por otra parte, hay quien no quiere que su candidato a ganar la presente edición de Operación Triunfo sea, a su vez, el designado para defendernos en Eurovisión. Cree que la maldición del representante español en Europa retorna cada año con más fuerza y le hace muy flaco favor en su posterior carrera artística si no resulta vencedor. Este es el que desmonta toda mi argumentación y siendo un férreo soldado de su graciosa majestad en el concurso, vota traicioneramente en contra de su favorito por su bien futuro y esto, tampoco enaltece la objetividad necesaria que podría aportar una delegación de sabios en materia eurofestivalera.

Diría mucho de este país que nuestro representante, sea quien sea, lo hiciera con el beneplácito de la gran mayoría y sintiendo un apoyo unánime que le otorgue la seguridad necesaria que requiere cualquier artista sobre un escenario. Si el elegido es el que todos determinamos sin interferencias ni manipulación hagámosle ganador de Eurovisión desde el momento de su nombramiento como representante, ya lo hicimos una vez con la ganadora de la primera edición de Operación Triunfo y, aunque no se trajo el primer puesto oficial, sí que logró el reconocimiento de todos y el oro de nuestros corazones.

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