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«Likes finalizará sus emisiones en #0″, así se anunciaba que la cadena no renovará el espacio conducido por Raquel Sánchez Silva. Alguno que haya cometido la insensatez de no asomarse nunca a este espacio, puede llegar a pensar que el programa está ya herido de muerte, que no es capaz de remontar ni de ofrecer nada nuevo. Que mejor así. Pero todo lo contrario, precisamente Likes se encuentra en su mejor momento. Por ello, es todavía más indignante, si cabe, que eliminen de la parrilla un espacio tan necesario en la televisión.

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Y sí, es tremendamente necesario. En esta televisión actual donde no hay contenidos reposados, donde importa más el continente que el contenido, cuando en ocasiones se da más hueco a la forma que al fondo, Likes ha sabido apostar, con certeza, por los asuntos que apenas se nombran en otras cadenas.

Likes empezó su andadura sin saber muy bien qué rumbo tomar, pero para eso estaban en una cadena de pago. Supuestamente no hay prisa, la búsqueda de rentabilidad no es la misma. Los programas pueden ir moldeándose hasta encontrar su nicho. Así lo hizo. Comenzó siendo un magazine con las redes sociales como eje vertebrador, sin más aporte que el resto de programas similares. Pero poco a poco, han ido convirtiéndose en el altavoz de temas que no se tratan en otras cadenas por incómodos, porque la agenda no lo permite o porque consideran que no interesan al público.

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Han puesto sobre la mesa asuntos de plena actualidad sobre los que han debatido aprovechando la presencia del invitado de turno. Sin miedo, señalando el conflicto y tratándolo sin tapujos. Ejemplo de ello es la sección que se inauguró esta temporada «Feminacine». Una mirada al séptimo arte con las gafas moradas. Apuntando aquellos metrajes en los que el retrato de la mujer era puramente androcéntrico. Un hueco necesario en la televisión, donde el feminismo se pone de relevancia. Donde el feminismo entra en la parrilla, algo impensable en otras cadenas en abierto.

También han pasado invitados de enorme peso, pero que en la televisión más pop, más aséptica, más atada al porcentaje del share no tienen cabida. Y esta ha sido una de sus grandes bazas. El invitado/a era el verdadero protagonista. Todo giraba alrededor de él o ella. Con inteligencia, con mimo, con trabajo. En la televisión actual, el entrevistado/a es lo de menos, interesa más el enfrentamiento interno del programa, los disparates del presentador y los colaboradores, o el foco en el conductor del espacio que relega a un segundo plano al invitado. En Likes, el convidado no era de piedra. Entraba en el juego, se preparaba para él o ella un programa a su medida. Las secciones eran pensadas para la ocasión. Y eso se notaba cuando el entrevistado/a entraba al juego, se dejaba llevar, particiapaba, entraba al debate y fluia cada vez más. Le quedaba un buen sabor de boca, era notable, quería volver. Así lo aseguraban muchos que se confesaban likers.

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Por no hablar del plantel de colaboradores. Esta temporada, como muchos pedimos cuando apareció en la anterior como entrevistado, el politólogo Pablo Simón daba su particular versión de la política munidal. Un perfil adecuado para Likes por su manera tan cercana de contar los asuntos de actualidad que de otra manera cuesta entender. También Juanma Iturriaga con una mirada diferente del deporte con su buena predisposición siempre a entrar al juego. Ocurre lo mismo con Marta Fernández o Vigalondo, un descubrimiento para el espectador. Y a ellos se les suman los veteranos, imprescidibles, necesarios, admirados e involucrados hasta el final. Todos aportan un plus, todos hacen distinto el programa.

Además, la música. Se canta y se toca en directo. Algo que ya no se ve en ningún sitio donde todo va enlatado, donde todo va en riguroso playback, donde los que cantan son los de siempre. Aquí no. Veíamos artistas de todo tipo, tanto conocidos como desconocidos para el gran público, pero todos con un factor común, una enorme calidad musical. Y la magia de verlos sonar en acústico solo se daba en Likes.

Por todo ello, sigo sin encontrar una explicación a este cierre tan abrupto. Si Cero llegaba con vocación de ser diferente, de apostar por la calidad, Likes es el mejor ejemplo. Recupera aquella televisión de Lo+Plus en el siglo XXI. Aquella televisión donde el tiempo se entendía diferente, donde los contenidos se abordaban con exquisitez, donde los aderezos no son necesarios porque lo importante es el mensaje. Cuando el programa cierre sus puertas, quedará recordarlo como un referente de lo que es la televisión de calidad, esa que, hasta que vuelva a emitirse, falta mucho tiempo.

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