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La crítica de la semana: Los gallos del corral

ANÁLISIS DE AUDIENCIAS | Semana del 8 al 14 de mayo de 2017

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Traspasar pantallas no está al alcance de todos ni existe la fórmula perfecta para conseguirlo, hay que escuchar el aullido popular y esperar que la dignidad haga el resto. Esta semana nos deja algún gallo de corral y dos estilos para gestionar emociones en la narrativa televisiva.

La sensación de derrota en España se asume con sentido del humor, tomando forma de escarnio público y crítica mordaz.  Pese a que nadie ya se tome en serio las posibilidades de nuestros representantes en Eurovisión, siempre queda esa sensación de intriga y de satisfacción al recibir algún punto en las votaciones finales.  Este año ni el premio de consolación, frente al desastre musical ofrecido por Manel Navarro en Kiev solo nos queda el triste consuelo del humor gallináceo en las redes. Para encontrar el germen de todo este desaguisado hace falta volver al punto de partida, a ese jurado que desde los altares de la comunicación decidieron que lo que más iba a gustar en Europa por su proyección internacional era la canción de  Manel…, pues no señores, no le gustó a nadie. Cuando los comunicadores se erigen como conocedores de los gustos del pueblo y deciden fulminar la opinión de estos imponiendo su criterio personal pasan cosas como estas. Un jurado debería orientar, no sentenciar, el arte escapa a toda lógica. Nadie hubiese apostado por el ganador del certamen, el representante de Portugal, que ofreció algo tan puro y a la vez tan bello que traspasó fronteras, rompiendo con todos los patrones y creencias sobre cómo debe ser la canción ideal para ganar Eurovisión. Si la distancia entre lo que quiere TVE y lo que desea el público sigue dilatándose el seguimiento del festival en España parece condenado al ostracismo, la gala de este año obtuvo un gran 28,4% de share pero fue el dato más flojo en lo que va de década.

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Llegar y liderar no es garantía de nada y sino que se lo pregunten a ‘La Embajada ’ de Antena 3 que ya hace meses que pasó a mejor vida tras un estreno fulgurante. ‘All you need is love…o no’ dio el pistoletazo de salida el pasado lunes con un aceptable 14,1% de share,  liderando el late night. Los datos son discretos pero podrían ser peores, el estreno del programa de Risto no convenció ni emocionó. Y no lo hizo porque no tiene claro qué es ni a quién quiere dirigirse. Bajo un revestimiento de programa joven y fresco, el formato pretende emular la emotividad y el sentimiento que se desprendían del original, presentado por Jesús Puente. Para obtener emociones hay que generar situaciones, y en ‘Alll you need…’ hay tantos saltos de tono que es imposible que el espectador se asiente en ninguno.  Lo mejor del programa es el descubrimiento de Irene Junqueras como un ser más allá del guión, por primera vez la vemos sin enlatar, cercana y a la vez lúcida para saltar entre géneros y traspasar la pantalla. Risto está desaprovechado como gallo del corral, su talento está sujeto a la actualidad y a la reflexión que le encumbraron en el Chester, no a convertirse en un crupier de las emociones.

Mejide debería andar precavido, es tal el éxito de ‘Supervivientes’ que cualquier día le quitan el programa y montan un canal 24 horas del reality que ocupe todas las franjas de Telecinco. La rotundidad con la que ‘Supervivientes’ se ha instalado en la parrilla es incontestable, tres prime times semanales líder de audiencia  y contenido suficiente para sustentar los magazines de toda la cadena. A diferencia de años anteriores, esta edición del reality vuelve a combinar de forma precisa todas los elementos para garantizar el espectáculo: el escaso sentido del ridículo de Juan Miguel (ex marido de Karina), la temperamental Alba Carrillo que hace de ella un ser totalmente impredecible en el directo o todo el componente folclórico  que arrastra Gloria Camila ( hija de Rocío Jurado). A todos estos  le sumamos físicos agradables a la vista, el placer culpable de ver sufrir a otros desde el salón de nuestra casa y la agudeza de Jorge Javier para manejar el corral. Un reality casi perfecto que deja en evidencia las dos ediciones de ‘Gran Hermano’ vistas este año, mucho más predecibles y con un casting poco instruido en el arte del espectáculo.

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