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Opinión

OPINIÓN | Bárbara Rey, del oscuro a la luz fatua

 Por Jesús Carmona.
El porqué de las cosas catódicas.

 

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Qué crucial es el tiempo. Ajusta, desajusta, ejecuta en las más cruentas fechorías como le viene en gana. Ay, el tiempo. Mira de frente con una ideología axiomática, te crees el puto amo. Se puede acotar; con algodón del bueno, con descarriles superfluos, con vaporosos criterios. Cuando alguien se guarda un as en la chistera durante cuarenta años, creedme que mima el detalle más desusado. Tal vez uno se cree con el mando, cual prestidigitador, de los escupitajos certeros, con la salvedad -en peloteas sagradas-; de que resulta, válgame el Señor, que el que fue el capo del país delega en el vástago.
Hete aquí los intereses, variados, que confluyen. Ahí la que otroro daba al botón se indispone una noche y tira de tranquilizante. Ésa que se hacía sonar era Bárbara Rey. Y al que ‘mimó’ con grabaciones, bajezas humanas, y cintas de audio a cascoporro fue, qué vida, el Rey de entonces, Juan Carlitos. Ay, Juanito. Qué bien viviste. Queda por saber, no obstante, si Rey se lo puso como apellido María, Marita, Pepita o como quiera que la doña se llamase, por fortuito deseo o algo más universitario.
El caso que es el percal carnal fue «mínimo, mínimo», como la minifalda que se ponía Bárbara en sus encuentros monárquicos para el CNI, según el testimonio que aportó en el ‘Deluxe’, una tal Hortensia, que el viernes pudo hablar, pero hoy el bótox se la zampó, según yo. Tenía metástasis botulímica. Me hablan de una traición y de un ‘te vas a enterar’, que Bárbara creyó de farol. O lo estimó necesario.
Nunca le gustó trabajar, jamás tuvo duende para nada artístico. Se sacaba una teta en películas eróticas -por ser finos- porque sabía de su sapiencia física. Una circense de la vida, no del circo, que siempre buscó lo fatuo, lo estéril, la polilla del foco mediático, como paliativo a sus deficiencias. Domó leones y personas, con casi el mismo tino, por una vida descalzada.
Lo curioso, luego, es verla erigirse como mujer trabajadora e independiente. Me da la risa floja, eres grande. Ojo, Juanito tiene lo suyo. Soy ecuánime. Pero tú, tú eres Bárbara, tía. ¿Nos vemos en ‘Sálvame Deluxe’, Bárbara? Bah, engorda más el melón. Yo pongo la pizza y el dígito cinco. Ayyyyyyy, León.
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