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El Televisero

OPINIÓN | ‘Sálvame’ ya no es tan Deluxe

 Por Jesús Carmona
  El porqué de las cosas catódicas. 

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Se comenta que Sálvame Deluxe ya no brilla con las mismas luces de neón. Existe preocupación interna en La fábrica de la tele, algo que se empecinan en frivolizar con comentarios sarcásticos y mohínes cómicos. Por primera vez en mucho tiempo, diciembre se lo lleva de corrido Antena 3. Productos tan arrolladores como Tú cara me suena han descolgado de la cima a un Deluxe a la baja. Me aseguran que la decisión de que en Navidad desaparezca fue difícil de tomar. Antes era impensable que se optara por cine un viernes de prime time. Y cuando los números así lo prefieren, mal augurio diagnostica. Me confirman que entre los propios colaboradores no se explican esta decisión «tomada únicamente de arriba». 
En tiempos bélicos optan por plegarse hasta que escampe. Quizás un revulsivo efectivo pueda ser fichar por alguien cultivado en el desamparo, como Alba Carrillo. En las batallas de las rupturas, me pone mucho ver cómo los figurines se desarman y se convierten en auténticos muñecos de trapo. Y ella es una crack, en desarmar. Ha muerto Zsa Zsa Gabor hace nada y pienso que Carrillo nació como devenida de una reencarnación tardía. De entre sus descacharrantes perlas, de Gabor, ésta me fascina: «Soy una excelente ama de llaves. Me quedo con todas las casas de mis ex maridos». Grandiosa. ¿Alguna vez se han preguntado de qué vive Alba? Su historia dice que es modelo, que trabajó tres o cuatro minutos en programas rigurosos y que después decidió tirarse a la prensa rosa como cornuda desgañitá. Vamos, lo que se entiende como una excelsa carrera de fondo. De armario, el fondo. Me dicen que anda loca por asentarse en Mediaset, en un programa de largo recorrido, no como aquél que quitan y ponen con el tiento de los invidentes. Su objetivo: Qué tiempo tan feliz. 
Sálvame, conjeturo, lo dibuja como pueril dados sus talentos. Quiere perdurar y afianzarse en el mundo profesional. Uno que lo conoce bien me subraya que es consciente que el modelaje tiene una caducidad de corto trayecto. Cada vez que visita Mediaset tiene el empeño y los arrestos de saludar a María Teresa y adular su buen hacer en el fin de semana. Fueron tan espontáneos varios encuentros en los pasillos, que Campos comentó a su entorno: «Qué chica tan efusiva». Me aseguran que entre besos y parabienes, la modelo le expresó sus ganas de colaborar en espacios como el suyo, «ya que no se hacen ya casi programas tan respetuosos». Teresa, que tonta no es y sabe oler lo fatuo del oro líquido, esbozó una sonrisa aséptica y desapareció. La Carrillo no es de su agrado, me remarcan. 
Es más, en el gremio no se la ve como aquella chica virginal. Ella misma ha apagado el fuego del interés, no tiene entidad cerebral propia más allá de Feliciano y Fonsi, y eso es pólvora mojada.  La que sí tuvo que entrevistarla para Sálvame fue Terelu y tras escuchar su desgarro sentimental por enésima vez y lo cruenta que es la vida con ella, volvió a insistir en lo buen formato que es Qué tiempo tan feliz. Se pensará Alba que las Campos mueven con tanta virulencia el cotarro en Mediaset como antaño. Ya los tiempos de mandatos absolutistas se volvieron tibios cuando salió al canal enemigo. Ahora todo en su programa es supervisado, sólo tiene la malagueña una ínfima parcela de poder, que pasa por acomodar a su hija Terelu. Sudor y lágrimas le costó meter en nómina a Arrocet. Por favor, 2017, quíteme a mí el trabajo y déselo a Alba. Le hace más falta.


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