«Hoy, día 28 de octubre, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado todo poder en los Cielos y en la Tierra, se inauguran los nuevos equipos y estudios de la Televisión Española». Con estas palabras pronunciadas por el entonces ministro de Información y Turismo de Franco, Gabriel Arias-Salgado, quedaba bautizada y comenzaban las emisiones de la actual TVE. Fue en 1956, en un chalé en el Paseo de La Habana de Madrid. 60 años de historia que se cumplen en un momento delicado para el ente público que no termina de cuajar entre los espectadores en los últimos años. 
Se me hace complicado en la actualidad dedicar una carta de felicitación al ente público. He formado, y formo parte de ese sector de la audiencia que se ha mudado a otros canales. De vez en cuando reviso sus informativos por una cuestión de deformación profesional. Repaso su parrilla, analizo sus audiencias siendo consciente de que mi voto de confianza desembocará en una frustración sin salida. TVE ha sufrido aquello que es palpable a otros niveles cuando se produce un cambio de gobierno. Sin embargo, en un ente público que viene de ser líder en emisión, que viene de ser premiado por su pluralidad informativa, que viene de ser referente en la ficción, el dolor y la rabia en el espectador genera un efecto rechazo complicado de modificar mientras las altas esferas sigan siendo las mismas. Televisión Española ha vuelto a aquella televisión rancia y apolillada con la que la audiencia no se identifica. El público ha cambiado de manera notable, no así el ente que debería liderar esa transmutación en su parrilla. Las cadenas privadas, aunque con alguna salvedad, han ido dado al espectador lo que ha demandado. Pero TVE no. Ha configurado su programación dirigida a un sector reducido, romántico de aquella televisión que hace años que dejó de producirse.
Quizá uno de los inconvenientes es que no produce beneficios, todo lo contrario. Al gobierno de turno, en funciones cada vez más presente, no le interesa nada que no genere una rentabilidad. Lo de la buena imagen, lo del regocijo por estar produciendo una televisión de calidad no es algo de su interés. Están a otros menesteres. Mientras les sirva de altavoz de vez en cuando para sus cosas les va sirviendo. Sin embargo olvidan que TVE es un servicio público y como tal no tiene por qué generar beneficios. Su programación está vertebrada en lo caduco. Cuando se produjo el cambio de gobierno la mayoría de espacios y rostros que venían liderando su franja fueron eliminados o mudaron a otras cadenas. Había que sanear, pensarían ellos. Nada que oliese a algo anterior. Así les ha ido. Han pasado de tener una cuota de pantalla del 23% al 16%. Una caída espectacular que al parecer nada importa a los responsables que siguen con la misma estrategia.
Por no hablar de TVE2. Un reducto en continuo peligro que ha visto volar su parrilla por los aires. Pero esto no es algo de ahora. Aunque sí se dedicó más empeño en años anteriores a reflotarla, TVE2 nunca ha estado presente ni tan siquiera para TVE1 que por no hacer no le hace ni promoción, con lo que eso ayudaría.
Ojalá algún día los informativos de la pública vuelvan a ser un modelo a seguir, porque los profesionales siguen ahí, aguantando las premisas dictadas desde arriba. Ojalá algún día la ficción genere algún tipo de interés al espectador que antes buscaba TVE cada noche, al menos las tardes lo intentan. Ojalá algún día no se utilice un medio público de plataforma política de una manera tan palmaria y descarada. Ojalá, algún día.
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