Trabajadores disconformes con la cadena, los peores resultados de audiencia de su historia, falta de presupuesto para iniciar proyectos ya anunciados… Una televisión pública imbatible que vive tiempos convulsos en los últimos meses.

La cadena que fue un orgullo para el pueblo catalán y un referente audiovisual para el resto de España anotó estas vacaciones las peores notas en su inmaculado expediente. Lejos quedan esos días en que sus ficciones eran seguidas por la gran mayoría de hogares catalanes o que sus programas eran la oportunidad perfecta para reunir a toda la familia frente al televisor. Los tiempos cambiaron y en los últimos años se vive una cierta desconexión entre la oferta de entretenimiento de la cadena y los gustos de sus espectadores. Si bien es verdad que la cadena sigue siendo un referente informativo y el canal favorito para seguir las vicisitudes del Barça, la fórmula basada en la suma de fútbol y política catalana apunta síntomas de desgaste. 
Tras un otoño glorioso, en la que la mayoría de sus formatos fueron respaldados por el público, TV3 se encontró con que sus apuestas para la temporada de primavera-verano no gozaron del favor de la audiencia. Series como la transgresora ‘Nit i día’ o la pizpireta ‘Cites’ o programas de entretenimiento como ‘Generació Selfie’ o ‘Arrelats’ pasaron de puntillas por los hogares catalanes, y en algunos casos con audiencias paupérrimas (datos inferiores al 10% de share). Más allá de ficciones o formatos semanales, el verdadero problema reside en una programación diaria que no deja de perder espectadores en todas sus franjas, año tras año los magazines de día y de tarde, ‘Els Matins’ y ‘Divendres’, van adelgazando su share con pérdidas de un punto en el último año. Los programas de actualidad diarios no son los únicos que pierden audiencia, el mítico culebrón de mediodía ya no representa un buque insignia para la cadena, lo que antes llegó a ser una pieza clave en el engranaje de la televisión pública, ahora es un espacio que funciona pero que no es garantía de grandes audiencias. En la renovación para la siguiente temporada de esta serie diaria, ‘La Riera’, vislumbramos la punta del iceberg de los problemas de TV3. El culebrón, pese a los achaques de audiencia y a que sus creadores afirmen que la serie ya hace años que no da más de sí, emprenderá en septiembre una nueva temporada por motivos meramente económicos. La cadena prefiere renovar una serie que languidece en la parrilla que afrontar el desembolso que supone crear una nueva; pan para hoy hambre para mañana.
Tras una crisis económica y unos recortes especialmente virulentos en Catalunya, una de las grandes perjudicadas fue su televisión pública. Sin embargo, los trabajadores del ente audiovisual catalán se han mostrado mucho más reivindicativos en otras denuncias que no en la de reclamar una mejora salarial. La politización de TV3, el reparto de cargos directivos en función de amistades ideológicas, la actuación judicial contra un trabajador por revelar secretos referentes a un ERO del 2012…; son estos los acontecimientos que dieron a conocer la enturbiada relación entre la cadena y sus empleados. Más allá de los conflictos laborales, el mayor lastre de la cadena está en la falta de sintonía que existe actualmente entre el público y los contenidos que ofrece el canal público. Tras una época dorada de formatos y ficciones respaldadas por la audiencia, de ser una cantera de profesionales que tras su formación en los platós catalanes eran reclamados y venerados por las cadenas españolas, vino un decenio de acomodamiento y de televisión pensada únicamente en contentar al target sénior, capaz de dar un buen resultado en el cómputo total de audiencias por sí solo. Los directivos intentaron innovar en los últimos meses con ficciones y formatos más transgresores, descolocando al público habitual y sin la suficiente fuerza para atraer al espectador urbano y joven que había desaparecido con el envejecimiento de la parrilla.
La cadena que vio nacer a Xavier Sardà, Buenafuente, Évole, Arus o Susanna Griso, y podría citar a muchas más “estrellas” de la comunicación estatal, se apoltronó en los buenos datos de audiencia otorgados por el fútbol y por el eterno reality político que vive Catalunya, descuidando la innovación y creatividad que la distinguieron antaño. La última temporada nos deja un mal sabor de boca pero en esta deriva audiovisual todavía hay destellos de esperanza; el gran éxito de la serie ‘Merlí’, un Canal 33 que nos sigue ofreciendo joyas como ‘La gent normal’, los grandes aportes en el género documental o la imbatibilidad de los servicios informativos de la cadena pública. Para tiempos futuros recomendaría diversificar los presupuestos, dejar de rendir pleitesía al deporte rey y a las mentes más cerradas, entender que el público catalán no vive en una eterna burbuja de saber estar y que también necesita llegar a casa y perder la compostura. Hacer una televisión más plural sin perder la identidad catalana, respetar los gustos de las abuelas de Súria sin dejar de integrar a los Kevin de Badalona o a los hipsters de Gràcia.

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