El Televisero

OPINIÓN | Lydia Lozano, historia de un estrangulamiento

EL PORQUÉ DE LAS COSAS CATÓDICAS | Por JESÚS CARMONA.  

Hace unos días estuve cenando con un buen colega y en el devenir de la velada salió a relucir el tema que me ronda incesantemente día y noche: la lluvia de libros que escriben los televisivos. Es la moda del momento, todo el mundo escribe. Y lo más desternillante es que todos ellos se creen capacitados para semejante proeza, piensan que han sido llamados por un ente creativo e inaccesible para el resto del común de los mortales. Y no crean que todos se parapetan en un don exacerbado para la palabra derivado de una buena carrera periodística, sino que los hay que van más allá en el atropello de lo moral creyendo que pueden ayudar personalmente con su bagaje personal y de superación.

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Ahí tenemos a Belén Esteban, a la hija ex drogadicta de Bárbara Rey (en estos momentos no me acuerdo muy bien de su nombre), o a Olvido Hormigos. Bueno, lo de esta última es de traca. Aprovecha la tía que le ha sido infiel a su marido y no contenta con abanderar su moralina aflojada por los platós de televisión disponibles a su catadura, va y nos deleita a todos con un libro a lo Cincuenta sombras de Grey. Sin duda, la monogamia está sobrevalorada y nos coloca a los occidentales como unos auténticos pardillos. El caso, como decía, es que todo el mundo escribe. Unos con más pundonor que otros, sobre todo porque hay especímenes que no gastan dignidad, la tienen inmaculada.

Y en esta bacanal de afluentes literarios y locos, asisto impertérrito (Bueno, va, no miento. Me lo temía, llamadme sagaz) a la noticia de que Telecinco está obligando desde la libertad a Lydia Lozano para que entre en ‘Gran Hermano VIP’. Hay que tener buen tino y buen cálculo para saber a quién domesticar con discursos adornados de respeto, autonomía y parabienes. A Telecinco, como es obvio, le viene de perlas un puente entre sus tres realitys estrella: ‘Sálvame’, ‘Supervivientes’ y ‘Gran Hermano’, éste último en todas sus variantes.

Ya tuvieron atrincherada, pero sin bozal (Recuerden que siempre se hace todo preservando la dignidad), a Belén Esteban. No digo yo lo de su amordazamiento, lo reconoce ella misma que entró por presiones directas de “arriba”. Y ella, que sabe que si no obedece está acabada, allá que entró con las orejas gachas. Piensen en su caso: la mujer lo ha explotado todo: ha escrito un libro, ha hecho un documental de su excelsa vida, ha confesado en Prime Time sus éxitos y barrizales personales, y ha producido sartenes y zapatos. O dice sí, o se hace bióloga y le hace una paella a Spielberg.

También se vio citada un día en el edificio de cristal de Fuencarral Mila Ximénez, lo que pasa que, cosas del azar, su salud le impidió ir a ‘Supervivientes’. Y ahora le toca el turno a Lydia. En este caso, los fustigadores lo tienen más fácil. Juega en su favor las ganas de cámara de la mencionada, aunque esto arrase su vida personal. Claro que, qué más da. Otra cosa que está sobrevalorada: la vida personal. Le recomendaría a Lydia que cuando salga de ‘GH’ escriba un libro. Y le tengo hasta un título asignado: Lydia Lozano, historia de un estrangulamiento. Consentido y regulado. Con dosis atemperadas.


Estoy con Mariló Montero. Me emocionó con Bertín

Mariló es bravía, percherona y muy navarrona. Directa, genuina y auténtica. Y así se mostró con Bertín Osborne, que el pobre se encontró con un hueso duro de roer en determinados momentos, y no supo reconducir su papel de entrevistador. Hubo minutos de emoción, confesiones familiares que requerían de papel para enjugar las lágrimas. Una suerte de charla entre personas inteligentes no sólo sexualmente que fue aplaudida por la audiencia, que se quedó pegada. Y resulta que entre la turbamulta de espectadores, había una mujer que estaba revuelta: la mujer de Bertín. Consideró que Mariló se mostró “irrespetuosa” por tumbarse en su cama. Fabiola sí que no es inteligente, ni sexual ni intelectualmente. Soberana gilipollez si el enfado es auténtico.

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