El Televisero

ESPECIAL | Photoshop, un arma de doble filo

Estos últimos días ha asaltado de nuevo la alarma por el abuso de Photoshop por culpa de Inma Cuesta. La actriz de 35 años transmitía a través de las redes sociales su indignación al ver el exceso de retoque digital en sus fotos para el dominical del diario El Periódico

 

Inma colgó en su cuenta de Instagram una foto comparando la fotografía publicada y la original. “La foto de la derecha fue sacada con mi móvil directamente del ordenador en la sesión de fotos, yo al completo, sin trampa ni cartón, Inma entera”, afirmó. Obviamente, las diferencias fueron clarísimas; los brazos, la cadera y el culo más delgados. Desde la redacción salieron al paso de estas acusaciones y afirmaron que “en ningún momento se vieron las fotografías originales”. Además, la protagonista de ‘Águila Roja’ invitó a reflexionar en El País sobre los cánones y estereotipos de belleza.
Pero esta polémica no es nueva. Sin ir más lejos, con el caso de la hijísima Terelu Campos en sus portadas de ¡Hola! e Interviú. Ella, muy frecuente en este tipo de portadas y de otras revistas,  ha sido noticia por el exceso de Photoshop. 

 

Así como el polémico cantante Justin Bieber, que tras prestar su imagen para una campaña de ropa interior masculina para la marca Calvin Klein, se desató la polémica entorno al abuso de los retoques en el cuerpo del joven. 
Pero monumental se lió cuando Beyoncé hizo de imagen para la campaña de verano de hace dos temporadas. La cantante entró en cólera al reducir sus caderas con Photoshop y obligó a que desaparecieran las imágenes alteradas de la campaña para que solo estuvieran publicadas las originales. 

En el caso de Julia Roberts no lo ve como algo malo. La popular actriz pertenece a ese 2% de mujeres del mundo que está agusto con su cuerpo. Fue imagen de un producto de belleza de Lancôme, que fue retirado de revistas y vallas publicitarias del Reino Unido por el uso excesivo de Photoshop. Las fotos fueron realizas por el prestigioso fotógrafo Mario Testino.
A la conclusión que se puede llegar es que esto vende, y si se descubre el exceso de más, el morbo es hasta mayor. Estamos ante una cadena de repercusión que termina con una traducción de dinero atraída por la polémica.
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