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El Televisero

OPINIÓN | La penitencia de Teresa Campos

 
EL PORQUÉ DE LAS COSAS CATÓDICAS | Por Jesús Carmona.

 

El 30 de junio no fue un buen día para María Teresa Campos. Es más, según la información que me llega a trompicones, fue un día aciago, crudo. Un día en que la presentadora tuvo que revestirse con una fortaleza que no poseía para recibir en su casa, con el agrado pertinente, al equipo que hace posible su espacio televisivo, ‘¡Qué tiempo tan feliz!’.

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El espectador pudo ver este sábado cómo Campos se deshacía en lágrimas que pugnaban por aflorar desde que su hija Terelu dio paso al vídeo del festejo En un principio, todo parecía felicidad, pero a medida que se desarrollaba el vídeo entre bailes, cantes y chapoteos en la piscina de la otrora ‘reina de la mañana’, la convulsión en los labios de Teresa era evidente y brotaron hondas lágrimas de sus ojos mientras las enjugaba con un pañuelo y dirigía la mirada al suelo.

Ahora bien, ¿qué le pasó a Teresa Campos para que diera las gracias a su equipo entre sollozos por alegrarle “un día que no era especialmente bueno”? Me aseguran, y no acaban, que todo se debió a unas llamadas telefónicas que la presentadora realizó esa misma mañana, recién despuntado el alba. Mejor dicho, se trató de una intermediación, Campos quiso tender flamantes puentes de diálogo y consenso entre su hija Terelu y un señor que manda mucho en Telecinco. ¿Con qué objeto? Muy sencillo: que su hija vuelva a ocupar el puesto que le pertenece por derecho divino. Divino y sudado denodadamente durante años por Campos madre: presentadora de ‘Sálvame Deluxe’.

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María Teresa habló en esa conversación como madre, como progenitora sufriente ante una situación laboral de su hija en horas bajas debido a un ‘castigo’ que se le impuso por faltar a clase cuando quería vida díscola. Recuerdan que Terelu abandonó ‘Sálvame’ durante unos meses para recargar fuerzas y disfrutar un poco de su vida personal tras un tiempo duro por una enfermedad, ¿verdad? Entonces hubo ya disenso y disconformidad, no sólo entre madre e hija, sino que el señor que manda mucho no acató la decisión y tal y como le confesó a Marta Cibelina, se trata de ser consecuente cada uno con las decisiones que tomamos y hacia dónde derivan y de qué forma. Vamos, que el regreso lo dictaminaría él a la carta.

Y ahí, aquí, me solidarizo con Teresa Campos. Una madre que tuvo que comulgar con ruedas de molino ante una ‘escapada’ que no aprobaba, pero tuvo que aceptar. A cualquier precio. Fueron meses complicados, en los que los puentes se derruyeron. Y cada cual jugó sus cartas. Y ahora, pasado el tiempo, Campos madre quiso apelar el día 30 de junio a la empatía y hacer entrar en razón a ese señor. Pero el devenir de la charla no fue agradable, y las negociaciones cayeron en saco roto. No va a haber oportunidad de verano, y el ‘Deluxe’ tendrá el mismo rostro lacerante para Terelu. Si lo quieres bien, y si no también. Y da gracias de que hay migajas, Teresa.

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Si yo fuera Teresa Campos también me licuaría de pena, me revolvería ante un enconamiento que ya hace tiempo que perdió el sentido. Si yo fuera Teresa sentiría que mi trabajo durante años al servicio de una cadena de televisión llamada Telecinco no ha servido de nada. Por lo menos para penetrar en la conciencia moral y para percibir ese respeto y esa recompensa que para una madre sólo pasa y debe pasar por que le reconozcan los talentos a la hija. Si yo fuera Teresa sentiría que estoy pagando una penitencia desorbitada. Pero ya digo, todo esto si yo fuera Teresa.




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