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El Televisero

OPINIÓN | La conciencia bailona de Paula Vázquez

 
EL PORQUÉ DE LAS COSAS CATÓDICAS | Por Jesús Carmona.

 

Paula Vázquez lleva desde 2013 sin trabajo en televisión, en el paro puro y duro. Tan duro y tan puro como el entretenimiento que le gusta (ba) presentar a ella, aquel tipo de reality que se estilaba cuando la televisión se creía rompedora y se comenzaron a comprar formatos de fuera a cascoporro. Dicho de otro modo, a la señora Vázquez le gusta rebozarse y tostarse en una televisión casi en desuso, la de los noventa, que si bien dejó senda herencia en muchas cosas, en otras huele a tiempos peores y grises. Atención al titular que he leído de ella en su asomo a la prensa: “En todos mis contratos pongo una cláusula de objeción de conciencia en donde digo que creo en el entretenimiento puro y duro y no concibo tratar la vida privada de la gente (…) ¿Con qué cara podría yo pedir respeto para mi vida y la de los míos?”, declara.

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Yo, que soy muy Telecinco, había dejado en la cuneta del olvido televisivo a esta presentadora hace ya entre veinte y mil años. Pero algo, llamémoslo memoria o conciencia bailona, me hace recordarla con un regusto agradable. Nunca me ha caído precisamente mal Paula Vázquez. Siempre me ha parecido un personaje alegre, muy del corte de Ana García Obregón. Tengo debilidad por aquellas personas que se empecinan por retener a toda costa las cosas agradables y dar manotazos a lo oscuro, sobre todo en una televisión actual en la que vende únicamente la penuria y la negrura del ser humano.

Y para reforzar ese perfil y no terminar haciéndole lo fácil, un traje de madera, me puse manos a la obra y vi unas cuantas entrevistas relativamente recientes protagonizadas por Paula. De entre ellas, y aunque parezca irrisorio, me quedo con la que le hizo Toñi Moreno en su último intento por penetrar en lo nacional, en T con T de TVE. Una cosa de tarde blanca, blanquísima, que vino a ser un homenaje para Moreno, después de Entre todos, un espacio que aún le da quebraderos de cabeza judiciales a un ente público ya declarado sin fuerzas ni engranajes potentes. 

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En dicho espacio, que precisamente estaba enfocado en espolvorear lo que se esconde tras el perfil mediático –algo así como un Qué tiempo tan feliz a lo público y con pandereta- Paula Vázquez desnudó su alma. Y aquí ya empezamos a nadar en terrenos pantanosos, ya comenzamos a caer, querida Paula, en lodos difíciles de dulcificar. ¿Qué es, pues, vida privada para ti? Nada se dejó en el tintero con Moreno: infancia, amores, profesión y momentos aciagos como un ictus que padeció su padre. Me quedo a cuadros, porque el puzle no me encaja. Y alguna pieza anda desterrada cuando ahondo en su carrera y veo que ha presentado Supervivientes. Si no hay vida privada en ese formato, que venga Dios o Paolo Vasile, tanto monta, y que me lo explique. ¿En qué quedamos?

Como me cae bien, insisto, quiero creer que ha sido un resbalón verbal –o incluso un entrecomillado sacado de contexto con mala baba- y que no oculta que en la profesión ella también se ha enjabonado, que ha hecho en determinados momentos de su vida un funambulismo inteligente entre la profesión y la vida personal. O puede que entre un servidor y ella no haya el mismo significado del concepto ‘vida privada’. Lo mismo, únicamente, lo peyorativo para ella es verse plasmada en una exclusiva en una revista del cuore. No, eso no. Las ha hecho, al menos, si no exclusiva, ha consentido ceder declaraciones. Quizás no a determinadas publicaciones como Sálvame, pero sí a otras más…rigurosas, desde su entender.

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Todo esto son cábalas de una persona que ha decidido pensar bien siempre de los demás. Y que, encima, le tiene cierta estima a Paula Vázquez. Pese a todo, siempre me quedará la sombra de una certeza que se hace cada vez más potente: la necesidad que sienten algunos personajes de la televisión, que se han labrado una carrera incontestable, de sacar pecho y erguirse ante lo que consideran que es descender a los infiernos. Pero remacho que confío en que Paula Vázquez no es torpe, ni pretende cerrarse puertas laborales. Estoy en el convencimiento de que ella sabe caminar de la mano con la evolución televisiva y que sería incapaz de bloquearse la cuenta bancaria con tal de no hablar de la familia Mateo o compartir espacio vital con Belén Esteban. Confío, confío…

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