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El Televisero

OPINIÓN | La Sexta, la hija díscola de Atresmedia

 EL PORQUÉ DE LAS COSAS CATÓDICAS | Por Jesús Carmona.

 

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Érase un universo paralelo donde el invitado de un programa de televisión toma las riendas del mismo, y desempeña las funciones de presentador y regidor; érase un mundo en que los medios de comunicación se bajan los calzones y se ponen en la postura más cómoda para el que ordena y dispone.

No, no hablo de Nicolás Maduro y su manera de gestionar su televisión, librepensadora donde las haya. Hablo de Esperanza Aguirre y sus idas y vueltas con Atresmedia desde que en ‘La Sexta Noche’ mintieran como bellacos, según su versión.

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Se sentó en dicho espacio creyéndose entre colegas, cuando todos los espectadores sabíamos que estaba en un campo de minas. En un terreno, en el que viene jugando La Sexta, plagado de moralinas baratas y falsamente pueblerinas. Desde el minuto uno se respiró hostilidad, tensión, imparcialidad y falta de respeto hacia Aguirre, sobre todo por parte de Cristina Pardo, aquella chica sin chicha ni limoná. Todo este aquelarre se desarrolló mientras Esperanza congelaba la sonrisa. Y el detonante, ése en que la protagonista se percató a destiempo, lo tuvo un “absolutamente”, soltado al segundo y sin razonar por la candidata a la alcaldía de Madrid.

Eduardo Inda, hablando de corrupción, aseguró: “Sobresueldos en Génova los cobraron todos menos Gallardón y Esperanza Aguirre”, y la política subrayó tal afirmación con un “exactamente” lacónico. Hay que decir – La Sexta niega el crimen- que Esperanza venía segundos antes de defender únicamente su inocencia con un “pero yo” altisonante, por lo que es entendible su posible confusión en el entendimiento total de la frase de Inda.

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Me encanta Aguirre, y lo digo con conocimiento de causa. Me conquistan las personas sin dobleces, y creo que esta mujer no conoce la doble lectura. Eso no es bueno, claro. Es mala tanta sinceridad y transparencia siendo política. Ese mundo y lo opaco van casados. En cambio, ella lo abandera entre estribillos de canciones. Es fresca y lozana, y da su opinión ante todo. En algo me recuerda a Mariló Montero: dos damas que escaman por expresar lo que piensan sin red, y que obedecen, en esencia, a su ‘jefe’.

Total, tal titular entrecomillado molestó y mucho a la candidata, que no dudó en mostrar su enfado delante y detrás de las cámaras. Y le concedieron su revancha en ‘El Hormiguero’. Allí, ante un Pablo Motos más de cera que nunca, se despachó a gusto mostrando el titular entrecomillado que ella no pronunció, y textualmente tiene razón. Incluso –olé ahí lo larga y sibilina que fue- consiguió que Motos le diera la razón en su mosqueo, en una de las pocas veces que despegó los labios. En el programa de las hormigas, Aguirre se mostró relajada y a calzón quitado, riéndose a carcajadas y conduciendo los biorritmos a su antojo.

Y esto me hace reflexionar sobre el papel de La Sexta, que viene a ser algo así como la hija rebelde y respondona de un matrimonio respetable, católico y bien avenido llamado Antena 3, en el que no caben los concubinatos y las salidas de tono. Creo que Atresmedia ha encontrado la fórmula exacta: aquí te damos hasta en el cielo de la boca, y allí te embadurnamos de crema.

Claro que, ¿se imaginan La Sexta sin sus puestos de combate y sus trincheras? Es lo que le da de comer a tantos profesionales, desde la mañana con Ferreras hasta la noche con Wyoming. Antena 3 quiso ser un día como su hermana díscola, pero el grupo, o papá, la mandó a un internado. De monjas, eso sí.

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