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Desde hace varias semanas Antena 3 viene emitiendo, con gran éxito, en la noche de los martes ‘Allí Abajo’, la serie basada en la historia de «8 apellidos vascos» en la que un vasco queda atrapado en Sevilla al quedar su madre en coma.
Hace semanas, cuando se hizo publico el anuncio de que Antena 3 estaba preparando una serie de de humor sobre los tópicos vascos y andaluces, un mar de dudas llenó a muchos profesionales de la comunicación, sobre todo, a los sevillanos. Todos querían saber cómo iban a enfocar la temática de la serie y, sobre todo, tratar los tópicos. Yo mismo escribí sobre ello en este artículo.
Ahora, una vez vistos 6 capítulos de ‘Allí Abajo’, podemos hablar en términos generales sobre qué les está pareciendo la serie a los andaluces y sobre todo a los sevillanos, entre los que me incluyo.
La idea sobre la que parte la serie es original y la trama está llena de situaciones disparatadas que a todos nos provoca una carcajada cuando la vemos. Además, como sevillano, me gusta ver imágenes de la ciudad en la que vivo, calles por las que paso a diario, siendo éste un escaparte espectacular de Sevilla para España.
Ahora bien, puede que la idea, la trama y las imágenes sean lo mejor de la serie pero no todo es del color de rosas. Más allá de la crítica argumental y técnica de la serie intentaré hacer una crítica constructiva desde mi humilde punto de vista, el de un sevillano que ve cómo es tratada su ciudad y sus costumbres en una serie nacional. La divido en diversas categorías:

Exageración


En las series de humor el día a día de los personajes se suelen exagerar para dar cabida así a situaciones cómicas que generan la risa fácil entre los espectadores. Un ejemplo de ello es el acento de Benito Benjumea (Mariaño Peña) y la forma de hablar de las vecinas de la enfermera. No, los sevillanos no hablamos así, y no somos tan exagerados vocalmente hablando.

Tópicos


Esto es algo normal en una serie de estas características. Los tópicos y estereotipos se han mantenido ahí desde tiempos inmemoriales. Pero el error no es caer en el tópico, que comprendo que una serie de humor caiga en él, sino en la forma de caer en él. En el primer capítulo vimos como una familia celebrara el nacimiento de un bebé bailando y tocando las palmas al son flamenco. ¿Eso era realmente necesario?

Desconocimiento

Cuando se hace una serie/trama sobre un determinado tema es de obligado cumplimiento que los guionistas sepan sobre el tema al que se refieren. En ‘Allí Abajo’ no ocurre eso. ¿Por qué se ha optado por guionistas madrileños en vez de andaluces? Determinadas frases y situaciones se parecen poco o nada a la realidad. Y lo que menos entiendo: El inmovilismo de los actores sevillanos ante tales errores. Podemos ejemplificarlo en el capítulo sobre la  Feria de Sevilla. En él, a parte de la decoración de la caseta que nada tiene que ver con la realidad, se cometen dos errores garrafales: Llamar al alumbrado «el encendido» y al traje de gitana/flamenca «traje de faralaes«. Esos pequeños detalles de no lo elegir la palabra correcta supone un error garrafal dentro de la indiosincrasia sevillana. Si hacemos algo, hagámoslo bien.
No obstante, ‘Allí Abajo’ supone un nuevo modelo de ficción en el panorama televisivo actual. Es una serie fresca con actores, la mayoría, pocos conocidos, tramas divertidas, y enmarcada en un lugar lleno de belleza como es la capital andaluza. Sí, te hace reír, a veces a carcajadas, pero son esos detalles «tontos» para algunos e importantes para otros lo que no la convierten en una serie perfecta, al menos para los implicados en sus tramas.

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Menos exageración, hacer un uso responsable de los tópicos y conocer algo más sobre las tradiciones y palabras populares de Sevilla son las tres tareas fundamentales que debe hacer ‘Allí Abajo’ de cara a una más que probable segunda temporada.
A pesar de ello, ‘Allí Abajo’ ha llenado de humor la noche de los martes con una trama divertida que entretiene no solo a sevillanos y a vascos  sino al resto de españoles. Quizás no todo sea tan malo como lo pintan. Quizás, si supiéramos reír, saber reírnos de uno mismo, todo sería diferente.

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