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El Televisero

Yo veo televisión española ¿Y tú?

La tele en España sufre una crisis de «visibilidad». Con esto nos referimos a que no está bien vista, de forma generalizada, por gran parte de los ciudadanos. El decir «Yo no veo la tele» está cada vez más de moda. Sin embargo eso contrasta con las grandes audiencias que los programas y series actuales vienen cosechando. Entonces, ¿Nos avergüenza decir públicamente que consumimos tele española?


Vivimos en una sociedad en la que todo, o casi todo, se mira con lupa. Los actos y hechos de las personas son analizadas como si de unos delincuentes se tratasen, siendo criticados, o por lo contrario, alabados. 
Hoy en día todo se critica. Todo se analiza. Todo se observa. El papel que cada ciudadano ejerce en la sociedad es importante. Y mucho más a los ojos de los demás. Para no ser juzgados, la gente opta por la demagogia, o intentan sumarse a la mayoría. En casi cualquier aspecto de la sociedad.
En televisión, ocurre exactamente lo mismo. ¿Cuántas veces hemos escuchado las palabras “Yo no veo la televisión”, o “no me gusta la televisión”? ¿Cuánta gente dice no ser consumidora de televisión cuando, en realidad, en una mínima parte, sí lo son?
Hoy en día decir que no se ve la televisión, o que no se ven ciertos programas, es visto como algo bueno, admirable, de cultura, de superioridad. Por lo contrario, ver la televisión es sinónimo de todo lo contrario. ¿Por qué? Y sobre todo, ¿Por qué miente la gente? 
Resulta curioso ese dato. En las encuestas por la calle nadie dice ver la televisión. Y los que sí la ven dicen no consumir ciertos tipos programas optando por espacios  culturales, políticos o de debates. Claro. Todo muy digno y admirable. Todo muy elogiable.
Pero esos datos no se corresponden con la realidad, que es lo que de verdad importa. Resulta que esos programas que nadie ve son los que más éxito tienen, los que más comentarios suscitan en las redes sociales, y los que más publicidad generan para las cadenas que los emiten.
Entonces, ¿Cómo es posible que la gente diga que no ve la televisión cuando en los últimos años estamos superando récords de espectadores y, sobre todo, récords de horas en consumo diario?
Ya no vale decir que sólo se ven las noticias o los documentales de La 2. Ya no vale tener una aptitud “culta” ante la pregunta de qué tipo de tele ves tú. ¿Por qué no decir la realidad? Por qué no decir que tenemos unas series de película y un amplio catálogo de programas de entretenimiento para todos los gustos y para todos los espectadores? ¿Por qué generalizar todo y tacharlo de polémico o morboso? ¿Todo en la tele es malo? Hacer eso sería igual que decir que los catalanes son tacaños o los andaluces unos fiesteros. No caigamos en el error de generalizar, ni caigamos en los estereotipos. Eso sí que hace daño.
Y es que esa caja “tonta”, como muchos la llaman, no es tonta, sino lista, más lista de lo que  todo el mundo cree. Esa caja entretiene al espectador, sí, pero también le hace opinar, cuestionar ciertos aspectos de la actualidad. Y vemos que también mentir. Pero eso lo hacen todas, las extranjeras, y también la española.
Tenemos series que se exportan, programas nacionales que se venden al extranjero, grandes profesionales de los medios y servicios informativos, de forma generalizada, de calidad. 
Por eso hay que decir bien alto, y con orgullo, que YO SÍ VEO LA TELEVISIÓN. Y sí, VEO LA TELEVISIÓN ESPAÑOLA. Nunca antes hemos tenido tantos canales gratuitos y tanta variedad de contenidos. La televisión española puede presumir de una gran riqueza cultural. Puede presumir de elaborar grandes programas, grandes series, grandes contenidos atractivos para diferentes tipos de público. Y claro, claro que también los hay peores. Al igual que en cine hay películas buenas y películas malas, en la tele ocurre lo mismo. Pero un programa “malo” no debe solapar a uno “bueno”. Tampoco las polémicas ni las manipulaciones. Quedémonos con lo bueno y critiquemos de forma constructiva lo malo.
 Que los programas del corazón o los realitys sean los que tengan más éxito no es culpa de la propia televisión, sino de la gente que los ven y, precisamente, de aquellos que dicen que no ven la tele y luego resulta que sí lo hacen.
Yo sí veo la televisión. Yo formo parte de ella. Para muchos es nuestra pasión, para otros un mero canal de entretenimiento. Pero no es malo dependiendo, claro está, del uso que se le de. Como todo. 
Los gustos son sabios y personales. No están escritos. Cada cual es libre de ver lo que quiera. Tenemos una televisión, bien por lo privado o por lo público, que afortunadamente tiene de todo y para todos. 
Me gusta la tele de España.

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