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Muchos son los debates que se están abriendo últimamente
sobre la participación de los políticos en televisión. Y es que, en los últimos
tiempos, líderes políticos como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Artur Mas, entre
otros, bombardean nuestra parrilla.
Pero no es ese el motivo de conflicto. Siempre ha habido
políticos en televisión. La polémica comienza con el cambio de escenario de
éstos: de los debates y tertulias “serios” y “rigurosos” a programas de
entretenimiento
de esos para “gente de menor intelecto”.

¿De verdad nuestros políticos están perdiendo su esencia? ¿o
se trata de una brillante estrategia de propaganda?
Lo que es innegable es la popularidad perdida que ha
supuesto para la política española esta última «camada» de dirigentes, motivo
por el cual sus sucesores se han visto obligados a abrir horizontes y explorar
nuevas alternativas. 

Y no les va especialmente mal. Las recientes apariciones de
éstos en programas como ‘El intermedio’, ‘Viajando con Chester’, ‘Al rojo vivo’, ‘El hormiguero’
o ‘Las mañanas de Cuatro’ los ha acercado a todo tipo de público, permitiendo
expandir su política y recuperar parte de la credibilidad perdida.

Muchos se preguntan el porqué de la elección de estos
programas. La respuesta es simple: Audiencia. No creo que a estos seres encorbatados
les interese especialmente jugar al baloncesto en directo, llamar a programas
de corazón, rifar un sofá extravagante con su nombre o desfilar por tertulias de forma diaria. Pero son esos programas
los que más visibilidad dan y los que ayudan a ese “lavado de cara” tan necesario
y que tanta prisa les urge, en un momento de tanto descrédito.

Lo que está claro es que los políticos se benefician de la
televisión
y que ésta se deja querer.
Las cadenas privadas han aprovechado este boom para que sus programas alcancen
otra categoría. Y es que, en estos momentos, da la sensación de que las
privadas dan más servicio público que la propia TVE
. Sus programas se han
enriquecido de opinión política y se han convertido en referentes a la hora de
informarse y hacerse una opinión sobre ella. Mientras, la cadena pública se duerme
en los laureles y convierte sus emisiones en “Los gazapos de Mariló”.

Aunque no nos engañemos. Las cadenas privadas son
exactamente eso, privadas, y su interés por teñir de política su programación terminará en el
momento en que éste no les reporte unos buenos datos de cuota de pantalla. Además,
tampoco se puede entender sus entrevistas políticas como un auténtico aporte de
pluralidad política, ya que si algo saben hacer es llevarse el gato a su agua y
transformar cualquier aportación de cualquier político en propaganda para su
propio interés.
Lo que sí es un hecho es que los nuevos líderes políticos se
han tirado y de cabeza al mundo televisivo, dejando atrás sus prejuicios y
sabiendo aprovechar el tirón que ciertos programas dan.

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